Hay zonas en que se divisan extensiones verdes, normalmente círculos con plantaciones diversas. Son áreas irrigadas con canales de agua surtidos del Nilo, y está verde justo la superficie con riego automático en círculo. También en ocasiones hay paredes kilómetricas junto a la carretera, un vallado enorme. Nos dijo el conductor que son terrenos del ejército.
En ambos viajes nos detuvimos para una pequeña parada en chiringuitos made in Egipto, que tienen como particularidad que hay tarifa por ir al baño y precios astronómicos por una bebida enlatada, a la ida. Al regreso fue en otro lugar aún más peculiar, con un baño de agujero en el suelo y al lado zona de rezo. Los clientes eran en general lugareños, no turistas.
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| Abducidos por el desierto, que tiene su punto |
Así que optamos por aguardar a nuestro conductor mientras disfrutábamos del sol del desierto en una fecha en que todavía era posible soportarlo.
Y en Abu Simbel, lo dicho, en medio del desierto pero nuestro hotel, el
Retac Abu Simbel Nefertari, con al menos dos piscinas parecía desafiar su ubicación geográfica.
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| El lago Nasser se ofrece a los usuarios del hotel como un fondo sorprendente |
Como todo tiene su explicación, lo cierto es que Abu Simbel está en el borde del lago Nasser, el embalse que obligó a mover el templo. Por algo dicho lago artificial tiene 550 kilómetros de largo. Estaba en Asúán y sigue presente 230 kilómetros de río más al sur. De hecho, el hotel está frente al Nilo, que allí semeja una gigantesca masa de agua.
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| Habitaciones-bungaló de nuestro hotel |
El hotel estaba francamente bien, a muy poca distancia del templo, con un cuerpo central de servicios y habitaciones diseminadas todas en planta baja. Hubo quien incluso aprovechó para darse un bañito antes de acercarnos a los templos.
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| Camino junto a la montaña artificial donde se reconstruyó tras el traslado |
Al rato de llegar apareció nuestro guía, que vino a recogernos en coche al hotel aunque estaba cerquísima.
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| Mahmoud con fotos del traslado del templo |
El guía nos dio una pequeña disertación sobre el templo que en realidad son dos, el de Ramses II y el de Nefertari, acompañado de una serie de fotografías plastificadas que ayudaron mucho a comprender lo que explicaba. Tuvo que ser en el exterior porque los guías no pueden acceder a dar explicaciones en el interior de los templos.
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| Imagen histórica correspondiente a las obras del traslado |
Algunas de estas imágenes reflejan el enorme esfuerzo y gasto que supuso la operación de traslado de los templos. En la imagen superior, moviendo la cara de una de las inmensas estatuas de Ramsés II. Claro está, como era un templo excavado, además de mover la fachada hubo que crear una montaña artificial para el interior. Los trozos que se hicieron para su traslado pesaban entre 20 y 30 toneladas. A dinero actual, el coste de mover Abu Simbel ascendería a 340 millones de dólares.
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| El templo de Nefertari en su primitivo emplazamiento con el agua ya muy cerca |
Realmente, fue una decisión magnífica que ha preservado la existencia de estos templos. Bajo el agua serían invisibles y poco a poco el lago acabaría con ellos. Para que el templo fuera trasladado primero fue preciso descubrirlo y se tiene constancia de que fue un suizo,
J.L. Burckhardt, quien también descubrió Petra. Unos años después, en 1813, el italiano Giovanni Belzoni comenzó la excavación tras la información que le facilitó Burckhardt, que no dio resultado. Pero sí cuatro años después en un segundo intento. Se sabe que se marchó llevándose de su interior todo lo que pudo..
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| Fachada del templo de Nefertari, la esposa de Ramsés II |
El guía nos llevó en primer lugar hasta la puerta del templo de la esposa de Ramsés II, que luce seis estatuas, cuatro del faraón y dos de ella. Algo poco común, todas tienen el mismo tamaño. Era Nefertari su preferida y quizás por ello en un arrebato dicen que dijo eso de que "por el amor de ella sale el sol".
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| Interior del templo de Nefertari |
La puerta de entrada conduce a una sala con seis columnas, todas ellas con bajorrelieves de Nefertari e igualmente de la diosa Hathor, a quien también está dedicado. Reflejan actividades religiosas y ofrendas a los dioses.
Los relieves muestran una gran atención al detalle y una extraordinaria habilidad artística.
Tras la primera visita nos dispusimos a degustar el plato fuerte, el templo de Ramsés II, no sin antes inmortalizar a uno de los viajeros con la llave de la vida que portaba el vigilante nubio del recinto.
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| Cuatro enormes esculturas de Ramsés II vigilan el acceso a su templo |
A unas decenas de metros se encuentra el recinto principal, dedicado a Ramsés II y también a los dioses Amon, Ra y Ptah. Cuatro estatuas sedentes del faraón de unos veinte metros de altura componen la fachada, una de ellas sin cabeza, que se perdió a causa de un terremoto en el 27 a.C. El recinto tiene 33 metros de alto y 38 de ancho.
Estatuas osíricas de Ramsés en la sala hipóstila. El templo sigue el esquema de recintos cada vez más bajos según se avanza hacia su interior.
Está perfectamente conservado y en su interior se olvida que es un emplazamiento fake, para nada el original, pero no se intuye el traslado. Que sin duda constituyó el puzzle más grande del mundo pues se trasladó dividido en 1.042 bloques.
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| Escenas alusivas a la importante batalla de Qadesh, en Siria |
La relevante batalla de Qadesh está representada en una de las paredes y en ella aparece Ramsés II conduciendo un carro de guerra. La contienda tuvo lugar en 1274 a.C. y aunque el faraón presumió del triunfo sobre los hititas, parece que no hubo un ganador claro. A destacar que el artista logró reflejar el movimiento.
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| Los cuatro dioses en la sala más profunda del templo |
Al fondo, en el lugar más interior del recinto, se muestra una capilla con las imágenes de los cuatro dioses a los que está dedicado el templo. También se buscó utilizar el fenómeno solar para que 61 días antes y 61 después del solsticio de invierno, el astro rey ilumine las caras de tres de los dioses. Quedó excluido Ptah, dios del inframundo, siempre en penunbra.
Recorrimos con calma y con muy poca gente el interior del templo, revisando las escenas allí grabadas y tan bien conservadas de dioses y ofrendas, Los siglos que permaneció semienterrado, y sin que se supiera el lugar de acceso, tiene sin duda mucho que ver con el magnífico estado de conservación.
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| En esta imagen se aprecian las montañas artificiales que acogen los templos |
Y ya con el sol decayendo abandonamos el lugar y fuimos caminando hasta nuestro cercano hotel, Parecía que unos templos iniciados en el 1284 a.C., y cuya construcción se alargó unos veinte años, estuvieran hechos recientemente. En la imagen superior se aprecian con claridad las dos montañas artificiales levantadas para acogerlos, de diferente tamaño pues el de Nefertari, a la de derecha, es más pequeño.
Y así dijimos adiós al templo de Abu Simbel de día, pues un rato después admiramos el espectáculo de luz y sonido sobre su fachada. En algún momento se comentó que fue excavado al estilo del famoso Petra de Jordania, solo que este le antecedió casi un milenio.
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| Imágenes de Ramsés II y otros dioses sobre la fachada del templo |
Dicho espectáculo tenía dos sesiones. A las 18:30 en español, y una hora después en japonés, en función de las nacionalidades mayoritarias de cada día. Fue una suerte pues en la lengua propia se disfruta de otra manera. En cualquier caso, había audioguías para que personas de todas las nacionalidades puedan seguirlo.
El espectáculo dura unos 45 minutos que se pasan volando. Un narrador de bella voz y perfecto español, relata la vida y milagros de Ramsés II mientras las imágenes y la música componen un atráctivo espectáculo.
Además de la historia del faraón, se habla también de la del templo y del traslado que hace casi sesenta años permitió su salvación.
Imágenes atractivas, el tono vibrante del locutor y la música conforman un show a mayor gloria de la etapa del faraón que más años gobernó el antiguo Egipto.
De alguna manera parece que la historia faraónica revive, a lo que contribuye la calidad de las imágenes, del sonido y de la locución, que mantuvieron en silencio a los varios cientos de personas que llenábamos el anfiteatro construido enfrente del templo.
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| Atardecer sobre el lago Nasser |
Muy satisfechos, regresamos al hotel para cenar opíparamente tras este día tan intenso. A la mañana siguiente nos levantamos con calma, prestos regresar a Asuán y unas horas después aterrizar en El Cairo para la fase final de nuestro viaje. Nos esperaban todavía Alejandría, más templos, una larga excursión al desierto y una inmersión en El Cairo de los cairotas.
La única incidencia de la vuelta a la capital fue un tremendo atasco a partir de que el chófer nos recogió en el aeropuerto. Y la sorpresa de que el otro lado de la autopista , en sentido contrario, se encontraba absolutamente vacío de coches a excepción de un enorme despliegue policial. El chófer nos informó de que el presidente de Turquía, Erdogán, se encontraba en El Cairo. Al parecer, la sala de Tutankamon del Gran Museo estuvo una hora cerrada para facilitar su visita. Así que tardamos prácticamente hora y media en llegar al hotel.
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