2) El misterio de las pirámides de Giza y la excelencia del nuevo Gran Museo

Giza es una ciudad pegada a El Cairo, forma parte de su conurbación con nada menos que unos cinco millones de habitantes. Y al lado de su casco urbano están las tres maravillas, las pirámides más famosas de Egipto, gigantescas figuras poliédricas perfectas formada cada una de ellas por millones de enormes bloques de piedra caliza. Estamos todos hartos de verlas en imágenes, pero en directo son otra cosa, reales, enormes, macizas, y cuando recibes explicaciones sobre estas construcciones funerarias se dispara la curiosidad. ¿Cómo lo hicieron hace 4.500 años? ¿Cómo fue posible?. El caso es que verlas por primera vez produce una emoción difícil de describir al estar en un lugar que conoces desde siempre por infinidad de libros, clases de historia y reportajes...sin embargo, tenerlas delante es otra cosa, como si de algún modo te sintieras partícipe de la pretensión de transcendencia que en su momento representaron las pirámides, con el objetivo de facilitar el tránsito a la vida eterna de los reyes egipcios en ellas enterrados.

Keops, Kefrén y Micerino en la planicie desértica donde fueron erigidas 

La visita a las pirámides es obligada para quien viaje a Egipto y no las conozca. Fue nuestra primera actividad en el país. 

Esfinge de Giza, la vigilanta de las pirámides

Y de segundo plato, ese mismo día, la cercana y misteriosa esfinge de cabeza humana y cuerpo animal. El postre tampoco estuvo mal: comida en un restaurante con vistas a las pirámides y a la esfinge. Un pequeño lujo.

El coloso en granito de Ramsés II preside el enorme vestíbulo del Museo

La segunda actividad, igualmente un imprescindible desde que hace unos meses fue inaugurado, es recorrer el Gran Museo Egipcio, donde se reúnen los principales tesoros de las épocas faraónicas en un recinto acorde y hasta majestuoso, con un criterio artístico novedoso y contemporáneo. A conocerlo dedicamos el siguiente día, pasamos allí unas cuantas horas atendiendo las explicaciones de Walla, salimos contentos y un poco cansados, pero con la sensación de que solo habíamos picoteado en este emporio de historia, arte y cultura. Pero más no pudimos hacer, como cuando se visita El Prado o el Louvre. Semejan inabarcables.

Multitud de visitantes y excursiones en el acceso al recinto de las pirámides

Salimos para las pirámides a las nueve de la mañana tras disfrutar el primer desayuno en nuestro hotel, un refrigerio bufé de categoría: frutas, dulce, salado, cereales, zumos, ensaladas, comidas más serias, pan reciente, ah, y la sorpresa del arroz con leche. Como el museo, inabarcable. Y eso que nos autolimitamos, como hicimos todo el viaje, para evitar la enfermedad del turista en depende que países, esas diarreas que te amargan debido a que la salubridad y la higiene no es la misma en todo los sitios. Concretamente en Egipto se denomina el mal de Tutankamón. No sin cierto esfuerzo pusimos veto a cualquier bebida no embotellada, usamos agua mineral para todo, incluido el lavado de dientes, y no probamos ensaladas, verduras crudas ni fruta que no peláramos. Tampoco cubitos de hielo. El resultado fue magnífico, ni rastro del mal .

Pequeño recinto explicativo antes de ver las pirámides

Walla y Momo cumplieron su cometido, que ya no vamos a volver a citar en todo el blog pues se repitió a diario, e igualmente con los demás guías. Momo se quedó con el coche en el párking y Walla gestionó las entradas mientras nosotros disfrutábamos del ambiente esperándola para entrar.

Un cartelito difunde allí la contribución española en una misión de investigación y conservación del patrimonio. Lo veríamos en algún otro sitio y un guía recordó que el apoyo español para el traslado de templos que iban a inundarse por la construcción de la presa de Asuán motivó el regalo del templo de Debod, desde hace décadas en el parque del Oeste en Madrid. 



Desde el primer momento Walla nos fue dando detalles e información de las pirámides.



Y por allí el inevitable puesto policial, pese a la tranquilidad de la que disfrutamos esos quince días trotando por Egipto.



Y en la distancia, Giza, también impresionante pero quizás no imponente.

Paseando nos fuimos acercando a las tres pirámides, en un día soleado pero no caluroso, o no mucho. Casi fresco en las primeras horas, se nos hizo rara esta sensación en el desierto. Agradecimos haber viajado en enero/febrero, con temperaturas (egipcias) suaves, aunque en el sur alcanzamos 31 grados. Por algo estas fechas son temporada alta, aunque el momento cumbre es semana santa. Un guía nos dijo que en verano mayormente llegan españoles del sur, posiblemente los únicos a los que no asusta estar a 40 o incluso 50 grados.


Nos fuimos acercando caminando sobre arena y muchos guijarros. Intentamos imaginar el paisaje de la zona en el proceso de construcción, un imposible. Muchos miles de obreros, animales, rodillos, algún tipo de grúa, rampas para subir las piedras, andamios elementales...

Cerca de las pirámides, la habitual parafernalia en lugares turísticos, calesas para los que no quieren/pueden caminar, o camellos para dar un paseo por aquello de la novedad



A unos cientos de metros las tres pirámides como picos enfocando al cielo, pero no reflejan sus dimensiones reales.


Era un día adecuado, el viento diluía la sensación de calor, y nos movíamos, sin prisa, con tranquilidad, como otros muchos visitantes.



Una vez cerca, todo cambia, son lo que son, moles macizas formada cada una por 2,5 millones de bloques, según los cálculos realizados.



En una zona están apilados algunos de estos bloques, posiblemente de las aperturas realizadas en diferentes momentos para acceder a su interior.

Pirámide de Micerino y el acceso para entrar

La de Micerino es la más pequeña de las tres. Construida sobre el 2510 a.C., su altura supera ligeramente los 60 metros. O sea, que lleva bastante más de cuatro milenios en pie.

La de Micerino mantiene parte de la cubierta en granito

A diferencia de sus dos hermanas, conserva en su parte inferior el revestimiento original de granito.

Base de la pirámide de Keops, la más antigua de las tres y la de mayor tamaño

La de Keops fue la primera, en torno a 2560 a.C., tres décadas después se levantó la de su hijo Kefrén y finalmente la de su nieto Micerino. Al lado de estas piedras resulta inimaginable como pudieron hacer para mover los bloques, irlos elevando de manera escalonada y alcanzar, en este caso, 146 metros de altura, con una base de 230 metros de lado. La erosión y la pérdida de su revestimiento exterior le ha hecho perder unos diez metros de altura y también cambiar el color blanco original.

Pirámide de Kefrén con su caperuza

La de Kefrén es fácilmente reconocible por tener en su punta parte del recubrimiento original. Tiene ahora la altura de la de Keops, pero parece mayor por estar en un lugar más elevado. Sobre la marcha decidimos visitar el interior de la pirámide de Keops, pero no lo logramos. No estaba previsto en nuestro programa y aunque nos esforzamos en conseguir los tickets online en el  momento (30€ persona nada menos), no hubo forma y tampoco ayudó que, sorprendentemente, cierra una hora al mediodía. Incluso la guía llamó a Ahmed, el responsable del viaje, pero sin éxito. Ciertamente nos fastidió al ser la más importante. Queríamos conocer las tres cámaras existentes en su interior (rey, reina y otra subterránea) y los pasadizos que permiten llegar a ellas. Y sobre todo el interior de una gran pirámide.

Dentro de una pirámide pequeña, corresponde a una de las reinas

Otro aspecto de la cámara funeraria de una reina

Como compensación entramos a una de las pequeñas pirámides anexas de las reinas, estas de acceso libre. Pese a ello no fue sencillo descender por una empinada y angosta rampa, agachados y pese a ello casi rozando el techo. Además, mucha gente. Sientes cierta impresión pensando el tiempo que la construcción lleva allí y que fue diseñada como recinto funerario escondido, para que nadie entrara, y ahora es una procesión. Obviamente, dentro de la cámara funeraria no hay nada salvo piedra.



Antes del viaje habíamos leído y visto documentales sobre el descubrimiento de los tesoros faraónicos a partir del siglo XVIII, los trabajos de investigadores como Belzoni (Italia), Lepsius (Alemania), Mariette (Francia) y Petrie (británico), la emoción de los hallazgos, la frustración cuando habían sido saqueadas (muchas) y ahora que estábamos allí nos quedábamos en la puerta. Como compensación, en días sucesivos nos hartaríamos de visitar templos y algunas tumbas subterráneas en el Valle de los Reyes.

Foso donde apareció la barca de Keóps, de 43 metros de eslora

Recorrimos los alrededores de las pirámides donde existen tres más pequeñas destinadas a las reinas (donde entramos en una), muy deterioradas y cuya altura inicial era de unos 30 metros. También el foso de la barca de Keops, que albergaba, desarmada, una embarcación de 43 metros de eslora, enorme. No fue descubierto hasta 1954 y ha sido recuperada y montada en un anexo especial en el Gran Museo. Hablaremos de este barco al final de esta entrada. Junto a la pirámide se mantiene abierto el foso que lo contenía.

Según el encuadre, la esfinge parece tan grande como una pirámide: falso

Acabada la visita a las pirámides nos acercamos en un bus lanzadera a la vecina e igualmente famosa esfinge de Giza. Esta monumental escultura tallada sobre una roca tiene 20 metros de altura y 73 de longitud, y se trata de una figura con cabeza humana y cuerpo de león. Fue construida a la vez que la pirámide de Kefrén y posiblemente formaba parte de su recinto funerario, como guardiana y símbolo de la sabiduría. Se eligió el emplazamiento en la cantera que suministraba piedra para las pirámides y perdió la nariz con el paso del tiempo. Se cree que fue dañada intencionadamente entre los siglos III y X de nuestra era y además se muestra muy erosionada.

Otra vista en la que parece mucho más pequeña que las pirámides: la realidad

Como es preceptivo, mucha gente aguardaba para visitar de cerca la esfinge. Pudimos recorrerla perimetralmente y de cerca la erosión resulta patente. Se sabe que existen agujeros y túneles en su interior, en la cabeza (la zona de piedra más dura) y la parte trasera, posiblemente de personas que buscaban tesoros. Pero no es extraño, lleva allí 45 siglos y lo mismo ocurrió con las pirámides.

Finalizado el recorrido, acudimos con la guía al restaurante previsto en un barrio en las inmediaciones. Tan cerca y tan bien orientado que comimos con vistas a pirámides y esfinge. Evidentemente, el fondo nos encantó. 

Vista de las tres pirámides y de la esfinge enfrente de la de Kefrén

Acabada la comida (carne asada, arroz, verduras y mousse de postre), regresamos al hotel a media tarde. Antes, concedimos a Walla que nos llevara a una tienda de papiros. Oficialmente, para conocer el proceso de fabricación, en realidad, para recibir una comisión sobre las posibles ventas. Habría más visitas de este tipo, pero lo cierto es que con nosotros pincharon en hueso. La diferencia en este caso es que resultó interesante ver como se fabricaban las planchas de papiro, un proceso sencillo y curioso.


GRAN MUSEO EGIPCIO


Visitamos el Gran Museo antes de que cumpliera su tercer mes de apertura, pero allí estaba, repleto de gente y dando impresión de solvencia, como si llevara años abierto. Curiosamente, unos amigos de Vigo que estuvieron en Egipto en octubre del 2025 no pudieron conocerlo y quedamos en transmitirles nuestras impresiones. No descartan un segundo viaje animados por su interés en visitarlo.


Las grandes cifras del recinto apabullan: más de 100.000 objetos exhibidos, desde la prehistoria hasta la época romana, y de ellos 20.000 por primera vez. Destacan 5.600 que corresponden a la tumba de Tutankamon, algunos espectaculares. Y desde luego nunca se habían expuesto de manera conjunta, incluida su máscara funeraria de oro macizo o sus tres sarcófagos, uno de ellos con 110 kilogramos de oro.

Explanada inicial antes de pasar por taquilla

Aparte del interés museístico, el gobierno egipcio prevé que este enorme e impresionante museo dé un impulso al turismo y estiman que será visitado por cinco millones de personas al año. Dicho así no se sabe si es mucho o poco, pero contando que abra todo el año serán casi 14.000 visitantes por día. Solo podemos decir que la jornada que pasamos allí estaba a rebosar. Los datos señalan hasta 19.000 entradas los primeros días, cifra que después se ha estabilizado sobre 15.000. Pese a ello, comprobamos que los diseñadores del museo han conseguido una circulación interior del público sencilla y sin aglomeraciones.

Zona exterior peatonal, una enorme plaza con el obelisco de Ramsés II

Las dimensiones del museo son casi mastodónticas, unos 500.000 metros cuadrados, más o menos un cuadrado de 700 metros de lado. Tampoco es una idea que surgiera de improviso; se pensó en 1992, pero las obras no comenzaron hasta 2005 y se alargaron hasta 2023, dos años antes de su inauguración. Solo esta plaza exterior alcanza los 30.000 metros cuadrados.

Enorme entrada triangular en clara alusión a las pirámides

Quizás por ello no sorprenda el dato de que ha costado mil millones de dólares. Al concurso convocado para su diseño se presentaron más de 1.500 propuestas de 82 países, la segunda mayor cifra en una convocatoria de este tipo. Lo ganó un estudio irlandés.

El primer obelisco suspendido del mundo

El obelisco de Ramsés II fue elegido para dar contenido a la plaza de acceso, con una característica especial: se decidió mostrarlo suspendido, algo novedoso. Para ello se levantó un monolito que justo en la base del obelisco es transparente. De esta manera puede verse el cartucho que identifica a Ramsés II como su promotor. Tiene 23 metros de altura (más los del monolito) y pesa 222 toneladas. Proviene de la ciudad de Tanis y acumula unos 3.200 años de existencia.

Una de las patas del monolito

Como curiosidad, las cuatro patas del monolito tienen grabado el nombre de Egipto en multitud de lenguas.

Fuente minimalista y plana en el exterior

Antes de acceder llama la atención una fuente grande y pegada al suelo, quizás por aquello de que junto al desierto no hay que hacer grandes fiestas con un bien tan preciado. Casi no tenía agua el día que estuvimos, que discurría entre ladrillos con forma de pirámide que obligaban a una circulación con pequeños remolinos.

Puerta de acceso, donde el museo empieza a manifestarse

En el exterior se adivina que es un recinto cuidado, muy grande, pero nada más traspasar el enorme acceso (desde fuera no lo parece tanto) cambia la percepción. La abertura se ve gigantesca, llamativa, muy bonita, y dentro una planta baja diáfana con el techo a una altura de cubierta de estadio de fútbol. Impresiona.

Una enorme estatua en granito de Ramsés II recibe a los visitantes

Como en el exterior, de nuevo Ramsés II es lo primero que se aprecia dentro del gigantesco vestíbulo. Se trata de una estatua en granito del faraón más longevo de la historia (gobernó 66 años), de 11 metros de altura y tallada en granito rojo. Fue descubierta en 1820  cerca de Menfis fragmentada en varios pedazos. Como prueba de que nada se ha dejado al azar, el vestíbulo ha sido diseñado (imitando al templo de Abu Simbel) para que en fechas señaladas el sol ilumine el rostro del faraón simulando el fenómeno de la coronación. 


Eso sí, a pesar de haber sido inaugurado recientemente, ya hubo que hacer una intervención para colocar una barandilla alrededor de la estatua de Ramsés II. Al parecer, varios visitantes se cayeron accidentalmente al agua que la circunda.

La cabeza de Anubis en el amplio hall

Y a partir de aquí, inmersión en la historia faraónica, con el gigantesco vestíbulo haciendo de receptor de los que llegan y facilitando la salida a los que han terminado. Mucha gente por todos lados y amplia vigilancia. Cámaras por todos los rincones.


Aquí no hay casi objetos expuestos, y en una escalera que aparece a la izquierda, no muy empinada. empieza la sucesión de arte faraónico.

Escalera desde el vestíbulo a las plantas superiores llena de grandes esculturas

Ascendiendo por la escalera se disfruta de grandes imágenes en piedra de diferentes períodos, Antiguo, Medio y Nuevo, que han sido elegidas para esta pasarela destacada. Todas disponen de paneles informativos en inglés y árabe. Sin embargo, aquí la destacada función de Walla quedó ratificada: sin las explicaciones de un guía el museo puede convertirse en algo pesado. Y, obviamente, incluso en nuestra situación, pasadas unas horas y cientos de vitrinas y esculturas, los datos empiezan a mezclarse en la cabeza. No es posible digerir un exposición de este tipo en una jornada. Pero es apasionante.

Vista del hall desde la escalera de acceso a las plantas

Walla siguió un sistema eficaz, en la escalera nos dio indicaciones generales y ella, que ya lo ha visto unas cuantas veces, subió por una rampa mecánica mientras nosotros los hacíamos a pie deteniéndonos en las piezas que nos llamaban la atención. Y una vez arriba, ya de seguido con nosotros.


Sarcófagos de todas las épocas y tamaños, esculturas, decoración funeraria, asombra semejante producción, que no deja de ser solo la que ha podido ser localizada.

Desde unos ventanales se disfruta de la vista de las cercanas pirámides

Subimos las escaleras hasta el final y allí comenzamos el recorrido por las doce salas de que consta, todas interconectadas, sin paredes y aunque a distintos niveles, lo que aumenta la sensación de amplitud. Y allí enormes ventanales permiten una vista de las pirámides de Giza, que de esta manera se integran en el propio museo.


Nuestra guía nos condujo de una planta a otra informando de dinastías, períodos, lugares, zonas donde se localizaron. Es una montaña de datos, pero resultó de lo más entretenido.


Paneles de granito con dibujos y mensajes.


Realmente, aguantamos bien la visita, sin desfallecer en ningún momento.


Tampoco tiene mucho mérito teniendo en cuenta las maravillas que contemplábamos.

Espectacular máscara funeraria en oro de Tutankamón

Y así llegamos al corazón del museo, a la zona acotada destinada a Tutankamón, el faraón quizás más famoso pese a que falleció con 18 años, o sea, que prácticamente no reinó o lo hizo unos pocos años. Elaborada en oro macizo con piedras semipreciosas, fue encontrada por Howard Carter en 1922 en una tumba del Valle de los Reyes, y restaurada en 2014. Data del 1323 a.C., supera los 3.300 años. 

Sarcófago en oro macizo de Tutankamón

Esta fue la zona del museo donde más gente se agolpaba y había que circular en fila. Se encuentra en un área especialmente delimitada y vigilada. Aparte de su valor material por los 110 kilos de oro, su valor cultural e histórico es inconmensurable. Este ataúd era el tercero que se encontraba en el interior de un santuario que casi ocupaba la cámara funeraria; el primero y el segundo construidos en madera de cedro con láminas de oro y el tercero, en la imagen, en oro de 22 quilates. Impresionante.

Santuario dorado de Tutankamón, dentro estaban los sarcófagos


Histórica fotografia del momento del descubrimiento de la tumba de Tutankamon.


Y por todos lados imaginería faraónica variadas basadas en todo lo que se suponía que el faraón necesitaría para su nueva vida, desde filas de guerreros...


... a estatuillas funerarias del antiguo egipto llamadas ushebtis, depositadas en las tumbas para servir como servidumbre eterna trabajando en lugar del difunto en el más allá. Solían ser en ceramica fina (fayenza), madera o piedra. Las de la imagen superior forman parte del tesoro de Tutankamon.


Abundan igualmente las maquetas de barcos funerarios. Este data aproximadamente del año 2000 a.C. y pertenece a un funcionario de Tebas de nombre Meketre. Normalmente con escenas de la  vida cotidinana en embarcaciones con remos para navegar por el Nilo. Su propósito era mágico y ritual para asegurar el viaje del difunto en el más allá.


Esta imagen en madera muestra a a sirvientes egipcios trabajando en la elaboración de cerveza o pan. Siempre figuras funerarias para servir al difunto y reflejan la importancia de la cerveza, parte importante de la dieta diaria en el antiguo Egipto.

Silla de la reina Hetepheres I

Pertenecía a la esposa del faraon Snefru, del siglo XXVI a.C., encontrado en una tumba escondida cerca de la gran piramide de Giza. Se trata de una estructura de madera, originalmente cubierta oro y con filigranas.


Imagen predinástica anterior al reinado de los faraones, con formas estilizadas abstractas en comparación con el arte egipcio posterior. Se cree que también cumplía funciones rituales y funerarias en las primera comunidades del Nilo.

Esculturas de un alto funcionario y su esposa

Estatua del funcionario Yuny, de la dinastia XIX, reinado del faraón Seti y su esposa Renenutet. Yuny fue escriba real y supervisor de los establos reales. En estas imágenes destaca el detalle de las pelucas y  las vestimentas tipicas de la  época del Imperio Nuevo.

Ataúdes egipcios antiguos

Barca solar del faraón Keóps, enterrada en origen en un foso junto a su pirámide

Acabada la visita del edificio principal del museo, salimos a un patio que nos conectó con otro inmueble del recinto dedicado específicamente a la barca solar de Keóps. Se ha procedido a su montaje, ya que se encontró desarmada y enterrada cerca de su pirámide, y su aspecto es razonablemente bueno. En el museo han construido una rampa ascendente para contemplar su casco al subir y luego puede recorrerse perimetralmente al nivel de la cubierta.

Casi 43 metros de eslora y 4.500 años de antiguedad, fue construida en cedro del Líbano mediante ensamblajes de madera, sin clavos metálicos. En total, 1.224 piezas incluyendo remos y cuerdas, que tardaron en montarse unos diez años. Después estuvo expuesta en un museo junto a las pirámides hasta su traslado al Gran Museo.

Un mes antes de la visita había comenzado el ensamblaje de una segunda embarcación encontrada en el mismo lugar. Se estima que los trabajos durarán cuatro años y se llevan a cabo a la vista del público junto a la barca solar.

Proceso del traslado de la embarcación tras su hallazgo

En las paredes se exhibe una colección de interesantes fotografías del descubrimiento del barco y de como se hizo para recuperarlo, trasladarlo y montarlo. Nos dio la impresión de que el barco hubiera dado para un museo específico, pero la cantidad de material recuperado en Egipto, y posiblemente el que todavía vendrá, seguramente lo impide. En cualquier caso, a nosotros nos recordó el museo Vasa de Estocolmo dedicado precisamente a un barco de guerra que se hundió en un lecho de arena en la costa de Estocolmo al botarlo, lo que permitió su conservación. Es la única embarcación del siglo XVII que ha sobrevivido casi intacta y el museo Vasa el más visitado de Escandinavia.

Abrumados por la intensa visita, al terminar Walla nos llevó a comer al restaurante Royal Lothus, en las cercanías pero moviéndonos en coche, un bufé que no estuvo nada mal. Y después digerimos muy bien la comida y todavía mejor la visita al calificado de museo más grande del mundo dedicado a una sola civilización, del que solo hemos tratado de trasladar una mínima idea.

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