Nos instalamos en el barco Renaisance la noche del sábado 31 de enero, en principio como si fuera un hotel. Cenamos, dormimos y a la mañana siguiente, tras un excelente desayuno bufé, salimos para un recorrido turístico de primer nivel con Hassan de maestro de ceremonias. Acabada esa ruta ya sí tocó navegar hasta Edfu para proseguir la gira en su vertiente de navegación fluvial.
El barco nos causó una buena impresión y eso que navegábamos como si fuera una flota de guerra, en manada, docenas de barcos, y no es una exageración. Impresiona la movida turística que genera el Nilo, y los restos faraónicos, de los que nosotros éramos parte.
Con las manos reposando en las rodillas, la mirada de Amenofis III se dirige al Nilo y al sol naciente. Junto al trono hay dos figuras pequeñas: su madre Tiy y su esposa Mutemuia.
Las estatuas están formadas por grandes bloques de piedra que se cree provienen de las canteras de Giza. Para mayor complicación, los expertos piensan que su peso impidió transportarlos por el Nilo. Si esto fue así, implicaría que vinieron por tierra maás de 600 kilómetros, y estamos hablando del año 1.350 a. C.
| Gigantes en piedra conocidos como los Colosos de Memnón |
Situados cerca del Luxor moderno, pero en la orilla contraria, la occidental, los Colossos son dos monumentales estatuas gemelas de Amenofis III. Con 18 metros de altura y casi 800 toneladas de peso cada una, impresionan pese a llevar cerca de tres milenios y medio en su emplazamiento. Eso sí, están bastante deterioradas.
| Una multitud visitando sepulturas faraónicas en el Valle de los Reyes |
Desde allí nos dirigimos al Valle de los Reyes, en una jornada calurosa pese a tratarse del primer día de febrero. Es uno de los lugares míticos por haberse localizado más de sesenta tumbas, muchas de faraones. Entre ellas la famosísima de Tutankamón, y también de Ramsés II, Seti I, Tutmosis IV y otros. No todas están abiertas al público y se sigue trabajando en este espectacular yacimiento.
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| Fachada del templo de Hatshepsut en la base del acantilado |
El tercer y último destino del día, salvo la sorpresa del alabastro que nos tenía preparada Hassan, fue el templo de Hatshepsut, una de las pocas reinas de la larga etapa faraónica. Levantado bajo un elevado acantilado, consta de tres terrazas conectadas por rampas. Logra una gran armonía con la montaña de piedra caliza que hace de decorado posterior.
Entre el Valle de los Reyes y Hatshepsut, una visita comercial a mayor gloria de la comisión de los guías, que con nosotros sufrieron pues no compramos nada en ningún sitio. Esta vez lo peor fue que no disfrutamos y hasta sentimos verguenza ajena por el espectáculo que tuvimos que presenciar. Este es el relato del día.
LOS COLOSOS DE MEMNÓN
Fue una de esas visitas rápidas, pues salvo contemplar las gigantescas estatuas y dar una vuelta por la zona poco más se puede hacer allí.
| Amenofis III instalado mirando al río Nilo |
Con las manos reposando en las rodillas, la mirada de Amenofis III se dirige al Nilo y al sol naciente. Junto al trono hay dos figuras pequeñas: su madre Tiy y su esposa Mutemuia.
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| Es difícil imaginar ahora que era la entrada a su templo funerario |
Las estatuas están formadas por grandes bloques de piedra que se cree provienen de las canteras de Giza. Para mayor complicación, los expertos piensan que su peso impidió transportarlos por el Nilo. Si esto fue así, implicaría que vinieron por tierra maás de 600 kilómetros, y estamos hablando del año 1.350 a. C.
Los colosos no fueron plantados ahí aislados, sino que formaban parte del templo funerario de este faraón. En su momento, con 35 hectáreas, era el más grande del país, pero ha desaparecido y apenas quedan restos visibles. Situado junto al Nilo en un terreno inundable, la llegada anual del agua fue destruyendo sus cimientos. Se conoce incluso una litografía de 1840 en la que se ve a los colosos como en medio de un lago.
Existen en la zona otros cuatro colosos caídos y una misión española logró en su día recuperar un coloso menor, de unas 300 toneladas. Aparte del Nilo, se considera seguro que hubo al menos dos terremotos que dañaron gravemente el recinto.
LA NECRÓPOLIS DE LOS FARAONES
Durante algo más de 500 años, los faraones de tres dinastías eligieron en Valle de los Reyes como lugar para construir sus tumbas, siempre buscando la discreción para que no fueran descubiertas y saqueadas, lo que muy pocas veces consiguieron. Hasta la llegada de los franceses con la campaña de Napoleón (1799) pocos europeos habían estado allí. Después. a lo largo del siglo XIX, numerosos investigadores trabajaron en este área. Y a partir de 1922, con el descubrimiento de la tumba de Tutankamon, la fama del Valle de los Reyes alcanzó su cénit.
LA NECRÓPOLIS DE LOS FARAONES
Durante algo más de 500 años, los faraones de tres dinastías eligieron en Valle de los Reyes como lugar para construir sus tumbas, siempre buscando la discreción para que no fueran descubiertas y saqueadas, lo que muy pocas veces consiguieron. Hasta la llegada de los franceses con la campaña de Napoleón (1799) pocos europeos habían estado allí. Después. a lo largo del siglo XIX, numerosos investigadores trabajaron en este área. Y a partir de 1922, con el descubrimiento de la tumba de Tutankamon, la fama del Valle de los Reyes alcanzó su cénit.
| Visitantes haciendo cola para entrar en una tumba en el Valle de los Reyes |
Llegamos a este lugar tras la visita a los Colosos, el plato fuerte del día. Tras la espera correspondiente, ingresamos al recinto y Hassan nos dio una información general. A continuación, por nuestra cuenta visitamos tres tumbas, que era lo permitido por nuestro ticket, a elegir entre la mayoría de las existentes que están abiertas (siempre hay algunas cerradas por diferentes motivos, mantenimiento, nuevas investigaciones). Hay aparte varias para las que se precisa pagar una entrada suplementaria, pero tras algunas dudas nos conformamos con las tres disponibles pues la cola para sacar el ticket era demasiado larga y nos suponía perder mucho tiempo.
| Obras en el Valle de los Reyes, siempre hay investigaciones arqueológicas en marcha |
Durante la visita encontramos grupos de obreros realizando distintos trabajos en el exterior, y en algunas cerradas al público vimos como entraban y salían con materiales diversos.
| Tumba del faraón Merenptah, quien reinó solo diez años (1222-1212 a.C.) |
La primera tumba a la que accedimos fue la del faraón Merenptah, hijo de Ramsés II, quien dada la longevidad de su padre, el reinado más extenso, accedió al cargo ya sexagenario. Pese a ello, sorprendió a todos gobernando durante una década.
| Enorme sarcófago de piedra de la tumba de Merenptah |
Para llegar al lugar del enterramiento hay que descender un largo pasillo, siguiendo un eje recto reclamado por este faraón. Hasta entonces se hacían con giros internos durante la excavación. También mandó quitar los marcos de las puertas para que pudiera llegar hasta el pozo su enorme sarcófago en piedra. Su momia fue localizada fuera, en un escondite de momias reales en la tumba de Amenhotep II, situada bastante cerca.
En el interior hay más pasillos, salas y varias cámaras con una serie de almacenes. Algunas de las estancias muestran todavía los dibujos que las decoraban. Al encontrarse en la parte baja del valle, ha sufrido numerosas inundaciones que lógicamente dañaron la tumba y la decoración. Debido a estos daños hay algunas salas aún sin desescombrar en su totalidad, pese a los trabajos de Howard Carter (descubridor de la tumba de Tutankamon) al inicio del siglo XX y en los años ochenta de Edwin Brock. Antes, mediado el siglo XIX, había trabajado en esta tumba el alemán Lepsius.
Es una tumba cuyo emplazamiento era conocido desde la antiguedad, por lo que había sido saqueada.
| Ascendiendo a una tumba en la parte alta del valle |
Acabada esta primera visita decidimos dar un paseo por el valle, en ese momento ya atestado de visitantes. Nos alejamos de la multitud por un sendero buscando una tumba menos solicitada y ascendimos por una ladera. Así, a ciegas, sin un motivo especial, llegamos a la tumba de Tutmosis IV.
| Pinturas en la tumba de Tutmosis IV, con las imagenes aún conservadas |
Resultó un complejo funerario muy diferente, con paredes decoradas con figuras en colores vivos y mantenidas en buen estado, Se debe con seguridad a dos motivos: no fue descubierta hasta 1903 por Howard Carter y se encuentra en una zona alta. donde no llegó el agua.
Dentro de la tumba se encontraron restos de ajuar funerario, fragmentos de muebles y vasos canópicos, recipientes en los que durante el proceso de la momificación se introducían los órganos internos del cadáver.
El modelo de esta tumba en un eje recto descendente con varios corredores y escaleras que conducen a un pozo. Sigue una cámara con pilares, antecámara y cámara funeraria donde se encuentra el sarcófago.
La sala del pozo y la antecámara ofrecen la decoraciones más relevantes, mientras la cámara funeraria principal no fue decorada. Se cree que la muerte del faraón interrumpió los trabajos. Este pozo buscaba desorientar a los posibles saqueadores, que pensaran que la tumba acababa ahí.
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| Espectacular sarcófago de Tutmosis IV, bellamente decorado |
Y con la imagen del macizo sarcófago en piedra de Tutmosis IV abandonamos su tumba y descendimos de nuevo a la parte inferior del Valle de los Reyes.
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| Accediendo a la tumba de Ramsés I, muy visitada |
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| Paredes decoradas en bajorrelieve en la tumba de Ramsés I |
Un vigilante en el acceso se esforzaba para que la gente no se detuviera, intentando agilizar la circulación. Éramos una auténtica multitud. Esta masa humana complicaba disfrutar de la visita, pero no había nada que hacer.
Ramsés I gobernó muy poco tiempo, unos dieciséis meses (1295-1294), pero pese a ello fue importante ya que inició la XIX dinastía. A efectos de su tumba, este corto mandato originó que sea muy pequeña, no llega a cincuenta metros. ya que debido a su fallecimiento no fue concluida. Pero no murió joven sino que llegó a faraón a edad avanzada. Fue descubierta por el italiano Giovanni Belzoni en 1817.
Terminada la visita a esta tercera tumba fuimos a la cafetería a reunirnos con Hassan y proseguir la ruta. Como despedida de este lugar tan relevante, la imagen de la casa donde residió Howard Carter durante sus años de trabajo en el Valle de los Reyes. Fue construida en 1910 con esta finalidad y actualmente es un museo que exhibe objetos originales y fotos de la época, que nosotros no visitamos. Allí se ha construido una réplica exacta de la tumba de Tutankamon y la casa fue restaurada en 2011 coincidiendo con el centenario de la hallazgo de esta tumba.
Aparte del Valle de los Reyes, tuvimos noticias de que existe el Valle de las Reinas que se encuentra situado en la ribera occidental del Nilo y es un lugar más pequeño y con un tipo de roca de peor calidad. Nos comentaron que la tumba más importante, la de Nefertari, esposa de Ramsés II, se encontraba cerrada por obras y que por este motivo no merecía la pena visitarlo.
EL TEMPLO DE HATSHEPSUT
| Espectacular recinto construido para honrar la gloria de Hatshepsut |
Desde el Valle de los Reyes nos dirigimos al cercano templo de una de las pocas mujeres que ha sido reina-faraón, Hatshepsut, una idea que ese mismo día también tuvieron otros cientos o miles de personas. Inevitablemente ocurre en los templos más importantes, principalmente en Giza, Luxor y en el Valle de los Reyes, debido a la presión turística que existe en Egipto. Era mediodía y hacía calor cuando recorrimos la larga explanada de acceso.
Esta fue una de las pocas mujeres que alcanzaron el trono de Egipto y lo mantuvo algo más de 21 años. Su nombre significa "primera entre las nobles mujeres" y era hija de Tutmosis II. Fue asumiendo cada vez más poderes, primero como regente de su hijastro Tutmosis III, hasta que se proclamó faraón adoptando todos los símbolos y prerrogativas masculinas del cargo como heredera del dios Amón, entre ellos la barba postiza y el tocado nemes.
Una vez que su hijastro tuvo edad para reinar, no renunció y los dos cogobernaron, siendo ella la que llevaba realmente la batuta. Sin embargo, esta mujer que había ejercido de faraón fue silenciada tras su muerte, eliminándose toda referencia a su reinado y suprimiéndose su nombre de la lista de los reyes. Su memoria no se rescató realmente hasta que los investigadores europeos de los siglos XIX y XX estudiaron su figura.
El templo fue diseñado por el arquitecto real Senemut, de quien se piensa que fue amante de la reina. Subimos las amplias rampas de acceso y penetramos en su interior guardando una obligada fila. Llevó veinte años construir el templo.
Las terrazas alcanzan treinta metros de altura, pero el templo no da impresión de elevación debido al enorme acantilado bajo el que se encuentra.
| Escultura en el acceso al templo de Hatshepsut |
En la fachada están colocadas columnas de base cuadrada precedidas de esculturas osiriacas, esto es, con la imagen del difunto, difunta en este caso, más la vestimenta, atributos y postura de Osirís, dios de la muerte y la resurreción.
Tienen los brazos cruzados sosteniendo el flagelo y el cayado, símbolos de la realeza y la fertilidad, Presentan una rigidez y solemnidad propias del arte egipcio, diseñado para perdurar en la eternidad.
| Uno de los relieves del templo |
Después de recorrer las estancias abiertas al público iniciamos el regreso bajo un sol inclemente, a pesar de ser el primer día de febrero.
| El acantilado constituye un decorado natural que bordea la perfección |
Un poco alejados concluimos que desde allí se divisa la imagen más espectacular de este templo. Que no se construyó de cualquier manera ni con una orientación al azar. Mantiene una alineación astronómica, que hace que cada 21 o 22 de diciembre la luz solar se adente en las capillas excavadas en el interior de la montaña. Además, 41 días antes y 41 después del solsticio de invierno, una segunda caja de luz permite que la luz solar se interne hasta la cámara más profunda.
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| Esfinge en el exterior del templo |
En los laterales del templo hay numerosas construcciones, en su mayoría solo restos de columnas, paredes y suelos. Y en las inmediaciones, numerosas tumbas que no son visitables. Entre ellas, la del arquitecto real y a la vez amante de la reina, y al parecer ambas están conectadas por vía subterránea.
Y pese a los daños que sufrió el complejo con una reconstrucción defectuosa a principios del siglo XX, sigue ofreciendo maravillas en su decoración como este jeroglífico.
LA FIESTA DEL ALABASTRO
| Un animador en la fábrica de alabastro a la que nos llevó Hassan |
Entre el Valle de los Reyes y el templo de Hatshepsut, el guía no había llevado a visitar una supuesta fábrica de alabastro con la finalidad de siempre: que nosotros compráramos y obtener una comisión, que en nuestro caso fue de 0 €, no compramos nada. Coincidimos con un grupo de turistas muy jovenes y montaron el show para todos, muy elaborado quizás pero desde luego chabacano, y eso que no entendíamos lo que cantaban. Pero la pieza de alabastro que a ratos manejaba, con un pene de gran tamaño, no permitía equívocos.
Posiblemente este teatrillo funciona con muchos visitantes, pero a nostros nos pareció burdo y un montaje. Los que lo acompañaban hacían que trabajaban alabastro, pero no eran creibles. Por internet hay informaciones de que muchas veces lo que venden no es alabastro sino un plástico endurecido que lo imita. Pero con la actuación de este animador, canciones y la música de este grupo buscaban distender y que hubiera ventas, pero no vimos tampoco al otro grupo pasar por caja.
Al llegar a Luxor, una sorpresa agradable: nuestra maleta estaba ya en la ciudad, en las oficinas de los autobuses procedentes de El Cairo. Seis días para recuperarla y gracias a Ahmed. Sin su ayuda vete a saber que hubiera pasado. Llegamos a comer al barco que se encontraba junto a otras motonaves dispuestas a zarpar esa misma tarde.









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