1) El Cairo, histórico, amable y caótico

El Cairo, una megaurbe de vete a saber cuantos habitantes (unos 10 millones, 22 el área metropolitana, la mayor de África), es historia, pero hay que buscarla, no se encuentra a primera vista; un lugar de gente amable, pero no es fácil conectar debido a la dificultad idiomática, lo que incluye que los números en árabe son un misterio para nosotros; e, indudablemente, es un caos para los europeos (¡ay el tráfico cairota!), lo que se detecta casi de inmediato: pocos semáforos, menos pasos de cebra, cláxones sonando continuamente y los vehículos sin respetar los carriles de circulación además de varios pasajeros en las motos (¡llegamos a ver hasta siete, varios niños!) y por supuesto sin casco. Es lo más visible de este trío de calificativos. Por otro lado, tiene su punto divertido, esa sensación de que  el caos, finalmente, funciona sin heridos graves....que nosotros viéramos.

Interior de la mezquita de Muhammad Ali, conocida como mezquita de alabastro

Los egipcios son amables, incluso zalameros, y la seguridad casi absoluta

La ciudad es complicada para el turista, salvo el centro y las zonas turísticas

Todo eso lo ignorábamos cuando planeamos pasar un par de semanas en Egipto atraídos por lo mismo que los millones de turistas que recibe anualmente el país del Nilo, 19 millones en  2025. Su historia faraónica, sus templos y pirámides espectaculares, y todo el proceso de descubrimiento y recuperación en los últimos tres siglos, principalmente los dos más recientes, atraen como un imán. Y no es para menos.

En nuestro caso, los cuatro turistas gallegos que allí fuimos optamos por una fórmula cómoda que normalmente desechamos en nuestros viajes. Escogimos una agencia local bien valorada en los foros que nos lo dio todo masticado: recepción en el aeropuerto, traslados con guía y coche en todo momento, y con el español como lengua. Batrán Tours fue un descubrimiento, su responsable, Ahmed, una persona amable y encantadora, y al viaje que nos diseñó no le pudimos poner pegas con algún cambio que sugerimos. Resultado, un itinerario de lo más interesante, casi perfecto de no haber sido por la tendencia de Iberia a perder maletas y dar la callada por respuesta (Ahmed aquí se ganó el sueldo) y las dificultades para pagarle a Batrán, que fueron casi irresolubles. Tanto, que Ahmed todavía no tuvo  el dinero en su poder hasta siete días después de haber regresado a casa . Otro dato, reservamos el viaje sin pagar ni un euro antes de llegar.

Como se aprecia en el mapa, estuvimos en el Cairo y alrededores, en el norte (Alejandría), en el centro sur (Tebas, actualmente Luxor) y bajamos en el barco hasta Aswan viendo templos y las márgenes del Nilo. Finalmente, nos acercamos a la maravilla de Abu Simbel, próxima a la frontera de Sudán, y por el oeste a los desiertos Negro y Blanco.

En el vestíbulo del Pyramids Park Resort, nuestra base cairota, al poco de llegar.

Aterrizamos en El Cairo pasadas las diez de la noche del 26 de enero tras un viaje sin problemas desde Vigo con escala en Madrid. Lo más delicado fue la salida de Peinador, con un tiempo horrible, vendavales y tormentas. Pensábamos que a la vuelta todo se habría resuelto, ingenuos de nosotros. En el aeropuerto cairota no hubo problema alguno pese a la falta de organización; casi por olfato descubrimos donde se pagaba el impuesto disfrazado de visa de turismo (25 dólares) tras rellenar un impreso que nadie leyó. Bueno, problema si hubo: no llegó la única maleta facturada por el grupo, lo que obligó a tramitar la correspondiente reclamación que de nada sirvió. La oficina era a medianoche un sofá donde una decena de personas charlaban, entre locales y otros compis de varias nacionalidades a los que también les faltaba su maleta. Daba igual, Iberia es hoy el día que no ha dado acuse de recibo. Por suerte Ahmed logró recuperarla y nos la hizo llegar a Luxor cinco días después. Lo dicho, una persona amable siempre y muy eficaz.

Planta baja del Pyramids, lugar de estancia cómodo y vistoso

Al hotel, Pyramids Park Resort, no le podemos poner grandes pegas, salvo la habitual, mala wifi en las habitaciones, y eso que estuvimos en tres diferentes ya que fuimos y volvimos varias veces. Aceptables las estancias y lugares comunes, muy bien el desayuno bufé y una seguridad impresionante, como la que vimos por todo el país, con policías desplegados por ciudades y carreteras de forma sorprendente para un europeo. Actualmente, se ve que están haciendo obras en las instalaciones.
Se encuentra ubicado en Giza, alejado unos 15 kilómetros del centro de El Cairo, pero enfrente, literalmente, del nuevo Gran Museo Egipcio y, por lo tanto, de las pirámides. Sin embargo, no se puede salir andando de él ni dar un paseo por los alrededores porque, como otros muchos hoteles, da directamente a una autopista. Para un egipcio no sería problema, ya que vimos como las atraviesan sorteando vehículos y hasta hablando por el móvil al mismo tiempo con toda naturalidad, pero nosotros no estamos habituados a tales heroicidades.

Llegar a la recepción (en la imagen) exigía pasar un estricto control de seguridad

La entrada en el hotel, un recinto muy amplio, está cerrada a cal y canto y con un muro perimetral. Los vehículos tienen que parar, identificarse el conductor y tras la revisión de los bajos con un espejo, a veces también el portamaletas y en ocasiones olfateado el coche por un perro entrenado en la detección de explosivos y droga. Solo después se puede entrar al recinto.

Inscripciones antiguas en la recepción del hotel

El hotel está estructurado alrededor de una piscina gigante, limpia pero poco usada en enero porque al bajar la temperatuta por la noche el agua estaba fría

Tiene más de 400 habitaciones, distribuidas en diversos edificios de dos alturas separados por jardines en los que cuesta mantener el verdor. En todo lugar son visibles vigilantes estáticos uniformados aparentemente innecesarios en su mayoría, lo que nos hace pensar que los sueldos son muy bajos. También cuenta con varios restaurantes: buffet, italiano y japonés. Probamos los dos primeros y bastante bien.

Entrada al hotel desde el amplio aparcamiento, se sucedían las llegadas y salidas

Excepción hecha de las dificultades con la wifi (salvo el vestíbulo y zonas de estar) todo discurrió allí a nuestra completa satisfacción. Destacar que en la planta baja hay una oficina bancaria, minúscula pero con media docena de empleados, de la que hablaremos en su momento.


CIUDADELA Y MEZQUITA DE ALABASTRO



Con Walla, nuestra guía, en el patio de la mezquita de alabastro

La cuarta jornada de nuestra estancia la dedicamos a conocer lo más interesante del centro de El Cairo. Previamente habíamos estado en las pirámides y en el nuevo museo, visitas de las que ya hablaremos. Dirigidos por Walla, nuestra guía cairota, con la que compartiríamos cinco días de actividad viajera, amable, profesional, tranquila, y en el coche conducido por Momo, quien solo hablaba árabe, por lo que la interacción fue mínima, pero que también nos cayó bien y tenía pinta de buena persona. Pese a la falta de diálogo, tuvo un protagonismo indeseado en nuestro traslado a Luxor, pero ni mucho menos le guardamos rencor, para nada. 

Muralla de la ciudadela medieval cairota

En una apretada jornada, la primera parada fue la Ciudadela de Saladino, fortificación medieval de la etapa islámica y durante 700 años sede del gobierno y de sus gobernantes (siglos XIII al XIX). Aquí comprobamos la comodidad y el ahorro de tiempo que supone que te lleven, bajar en la entrada y que la guía gestione los pases, te conduzca y realice las explicaciones, y el chófer se haga cargo del vehículo. El acceso eran 10€, pero estaba incluido en nuestro viaje como la mayoría de las visitas que haríamos en estas dos semanas.

De camino comprobamos que El Cairo más vetusto cuenta con una serie de autopistas o similares encajadas entre bloques de viviendas, con frecuencia en altura pasando muy cerca, mucho, de los edificios. Con tantos millones de habitantes y todavía construyendo la cuarta línea de metro (que no utilizamos) parecen imprescindibles y están casi saturadas.

Como suele suceder, a lo largo de los siglos, la ciudadela ha sido sometida a cambios, modificaciones y ampliaciones, lo que en el momento actual dificulta su recuperación y obliga a elegir el momento que se quiere priorizar. Un clásico que en su día vimos muy claro en la francesa Carcassonne.

Edificada en un alto dentro de la planicie que ocupa El Cairo, nunca fue sometida a un asedio, aunque estuvo en el centro de varios conflictos políticos.

Mezquita de Muhammad Ali (1830/1857), el punto más alto de la ciudadela

Tutelados por Walla recorrimos varias callejas y llegamos a la mezquita, un llamativo edificio al que pudimos acceder. Fue la mayor construida en la primera mitad del siglo XIX y desde allí se divisa una amplia vista de la ciudad. 

Patio de la mezquita y kiosko para las abluciones previas a la entrada al templo

La ciudadela estuvo cerrada durante muchos años y su uso era exclusivamente militar, incluida la etapa británica. Solo en 1983 el gobierno egipcio decidió abrirla al publico y es en la actualidad uno de los mayores atractivos turístico de El Cairo. Por la noche se encuentra muy bien iluminada.


Pasamos un rato recorriendo una parte del recinto y disfrutando de la tranquilidad de la zona y de sus esbeltos minaretes..

Torre del reloj, regalo de Francia

En la mezquita llama la atención la Torre del Reloj, regalo de Luis I de Francia y entregada entre 1836/1840 como contrapartida al obelisco de Luxor instalado en una plaza de París. Fue el primer reloj público del país, aunque estuvo sin funcionar durante décadas

Espectaculares cúpulas recubiertas con láminas de oro en el interior

Bella por fuera, su interior es mucho más impresionante, con una decoración rica, sin espacios libres. El templo se diseñó inspirado en la mezquita Azul de Estambul. Aunque tiene escasamente dos siglos, en 1935 fue preciso desmantelar sus cúpulas ya que aparecieron grietas que las hacían peligrar. El proyecto fue aprovechado para arreglar el reloj de la torre. No sabemos si ahora mismo funciona, fue un detalle que olvidamos comprobar. Impactan las cúpulas doradas y su acústica, pensada para facilitar la oración.

Vista de El Cairo desde el exterior de la mezquita

Antes de irnos tuvimos una primera visión amplia de El Cairo, con sus sempiterna cubierta grisácea, imaginamos que mezcla de contaminación y arena del desierto que rodea la ciudad. Es una imagen dura de edificios sin fin y desde allí no se aprecian espacios abiertos o verdes.


Para entrar en la mezquita es preciso descalzarse o cubrir los zapatos con una funda plástica, opción esta última que nos resultó más cómoda. 


MERCADO DE KAN EL JALIL 


Siguiente etapa, el antiguo bazar de la ciudad, un gigantesco mercado asentado en una sucesión de callejas, algunas francamente estrechas, que hace las delicias de los visitantes. Íbamos enterados de que, como es habitual en el mundo árabe, el regateo no es una opción sino más bien una obligación, y de las normas teóricas al respecto. Lo practicamos ese día y en otros posteriores, obteniendo objetos o ropa entre el 45% y el 60% del precio inicial; pensamos que era una buena rebaja, y ellos sin duda una buena venta. Pero más no apretábamos pues nos parecían los productos sumamente baratos. Y como consecuencia de dudosa calidad. Según nos aseguró previamente Ahmed, casi todos procedentes de China.

Una calle del mercado, un verdadero laberinto donde es difícil orientarse

Fuimos tan pronto por sugerencia de Walla, ya que de esta manera habría menos gente. Recorrimos algunas calles, tuvimos un rato de tiempo libre y nos acercamos a la tienda de Jordi, muy apreciada por los turistas ya que sus precios son bajos y allí no se regatea. Es muy popular entre los turistas españoles. Al parecer, este éxito molesta a los demás comerciantes, uno de los cuales lo expresó en voz alta días más tarde, cuando supo adonde nos dirigíamos. Aún sabiendo lo listos que son y que a veces se manejan en español sin saber lo que dicen, nos sorprendió que en la tienda preguntaran si éramos gallegos hablando como hacíamos en castellano, y te despidan con un "ata logiño". Flipamos.


Pasear por estas callejas es un atractivo al margen de los productos que ofrecen. Se nos hizo muy corto el rato y decidimos volver al final del viaje, el último día, que lo teníamos libre. Y cumplimos, pero ya lo relataremos pues fue, digamos, más movido.


Pese a que no estuvimos mucho rato, hicimos algunas compras. Vimos cafés, curioseamos y  rechazamos entre 500 y 5.000 propuestas de otros tantos vendedores. Saben que agobian y lo explotan asegurando en correcto español "yo no agobio" mientras evidentemente agobia. Pero todo sin problema ni tensión alguna.

Como es habitual, los puestos sacan la mercancía a la calle

Aunque con seguridad son miles las tiendas, tantas que se hace difícil imaginar que todos estos comerciantes puedan vivir de sus ventas, los productos que exhibían no nos atrajeron especialmente. Y como suele ocurrir, se repiten.


Y tras esta inmersión en la histórica tradición comercial de los árabes, Walla y Momo pusieron ruta al barrio copto. Y nosotros con ellos.


Al entrar y salir del mercado habíamos pasado junto a la imponente mezquita de Al Azhar. Tiene más de un milenio y es de las más destacadas de una ciudad conocida, por algo será, como la de los mil minaretes. Estos días en El Cairo comprobamos que es una denominación muy acertada. Siempre tienes varios a la vista.


BARRIO COPTO Y SINAGOGA


Es un sitio especialmente histórico de El Cairo Viejo, cuyo nombre se contrapone a New Cairo, una nueva capital en construcción a 45 kilómetros y que pretende albergar a seis millones de personas. En construcción desde hace años, será la nueva capital administrativa. Una amplia área de la zona histórica de El Cairo es Patrimonio de la Humanidad desde 1979, incluye más de 500 hectáreas con el barrio copto, el mercado y la ciudadela como lugares destacados.

Restos de la fortaleza romana de Babilonia

En el barrio copto, atestado de visitantes, recorrimos algunas de sus callejas para acercarnos a dos iglesias y a una sinagoga, históricas todas.

Zona de acceso de la iglesia colgante. En primer término, Walla, nuestra guía.

La primera parada fue en la iglesia Colgante o de Santa Virgen María, del siglo III, de las más antiguas. Atestada de público.

Iglesia colgante, hay referencias de ella desde los albores del cristianismo

El tour histórico religioso por este barrio cristiano especialmente atractivo para los visitantes incluyó la Iglesia de San Sergio y San Baco, no tan antigua como la anterior pero donde la tradicción señala que es el lugar donde se refugió durante más de un mes la Sagrada Familia en su huída de Egipto.

Iglesia de San Sergio y San Baco

El supuesto paso de la Sagrada Familia por este lugar convierte el templo en un lugar de peregrinación para los cristianos, aquí llamados coptos y que representan aproximadamente el 10% de la población.

Cripta de la iglesia de San Sergio

Podemos decir que eran la población autóctona cuando llegaron los árabes y lograron mantener su identidad. El término copto es una derivación de la palabra egipcio en griego.


Finalmente, acudimos a la sinagoga de Ben Ezra, la más antigua de Egipto, completando así una jornada con lugares sagrados de las tres grandes religiones monoteístas. 


Ya no se utiliza con fines religiosos, solo como lugar histórico y arqueológico.


Tras el tour religioso, abandonamos el barrio atravesando de nuevo estrechas callejas cargadas de historia en dirección a la actividad final de la jornada, el museo de las Civilizaciones.


MUSEO DE LAS CIVILIZACIONES



Amplia explanada de acceso al museo de las Civilizaciones

Se trata de un museo reciente, inaugurado oficialmente en 2021 pero abierto desde 2017, que cuenta con el atractivo de la exhibición de 22 momias reales, 18 de faraones y 4 reinas, las únicas reales que han podido ser recuperadas. Se encuentran en una zona subterránea con un control estricto de sus condiciones de temperatura, humedad y luz dentro de cajas transparentes. No dejan hacer fotos, así que solo podemos dar nuestra impresión. Allí reposan Ramsés II (gobernó 66 años nada menos), la saga de los cuatro Tutmosis, la reina Hapshepsut, cuyo templo funerario visitaríamos unos días después, y otros.

El árabe es un completo misterio para los visitantes foráneos

Aunque en el blog no lo hemos contado todavía, acudimos a este recinto después de haber dedicado una jornada completa previa al Gran Museo, enorme y muy interesante instalación inaugurada a finales del año pasado. Por tanto, lo que aquí vimos nos impresionó menos que si hubiéramos venido en primer lugar.

Pequeñas esculturas con actividades diarias como la de hacer pan

Es un museo amplio, bien montado e interesante, pero nada que hacer frente al Gran Museo... salvo las momias. Cuenta con unos fondos integrados por unos 50.000 objetos de la historia del país desde tiempos prehistóricos. Principalmente, encontrados en recintos funerarios, tumbas y pirámides. También hay muchos restos textiles.


Estas imágenes son figuras encontradas en tumbas destinadas a facilitar el tránsito a otra vida del personaje en cuestión. Y gracias a los lugares escondidos y protegidos de las tumbas, en la medida en que algunos quedaron a salvo de los saqueos, han logrado llegar a nuestros días.


En el centro de la sala principal hay una abertura circular sobre la parte inferior del recinto, donde se encuentra el acceso a la zona de las momias. Proyectan de seguido imágenes de tumbas, sarcófagos y dibujos de la antiguedad.


La parte de las momias está muy controlada, y es una visita lineal, al estilo de las tiendas de Ikea, con vigilantes cada pocos metros. Impresiona ver cuerpos embalsamados hace miles de años en los que en algún caso es posible distinguir rasgos y cubiertos con telas que se han mantenido.

Pese a que la atención principal de los turistas es el nuevo Gran Museo, aquí también había mucha gente. Acabada la visita, Walla y Momo nos llevaron a comer. Lo hicimos en un centro comercial de acceso controlado. Estuvo bien, con el esquema de estos días de El Cairo de unos entrantes de encurtidos, salsa de queso, humus, babaganush y después pollo o ternera a la parrilla con arroz y patatas fritas. Estaba incluido en el viaje, salvo las bebidas.

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