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| Globos aerostáticos sobre Luxor, el Nilo y los templos de la ciudad |
Amanecimos en Luxor con el Nilo frente a nosotros y el espectáculo de decenas de globos sobre la ciudad, el río y los templos. Es una de las actividades que se ofrecen a los turistas, que nosotros no consideramos. La mitad del grupo ya conocía la experiencia de un recorrido aeróstatico por las dehesas de Salamanca años atrás, por lo demás muy satisfactoria, Tras el desayuno vino Hassan a recogernos y pusimos rumbo a Abydos, templo del que nos separaban unos 170 kilómetros y casi tres horas de coche. Pero con chófer y descubriendo el Egipto profundo resultó placentero.
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| Calle principal de Abydos, una mirada a otro Egipto más rural y atrasado |
De Abydos solo sabíamos antes de llegar que allí existe un importante templo, y poco más. Después nos enteramos de que fue una población importante en la antiguedad, pero ahora, al atravesarla en coche, nos apareció una localidad desastrada, desordenada, con su calle principal sin asfaltar y en apariencia bastante pobre.
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| Sucesión de puertas en el templo de Abydos |
Ya en el templo, Abydos se nos muestra como un recinto importante. Y tiene además relevancia porque en sus paredes están grabados los nombres de 76 faraones con sus cartuchos, una información primordial para establecer la historia faraónica.
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| En una de las cámaras secretas de Dendera, de difícil acceso |
De Abydos al templo de Dendera, en Qena, fueron cerca de dos horas, pero ya en el camino de regreso. Otro conjunto espectacular, donde se han descubierto criptas secretas a las que es difícil acceder. Se piensa que eran lugares escondidos para guardar objetos de cultos y tesoros. De todo lo anterior va esta entrada. Nuestra visita a ambos templos fue muy relajada teniendo en cuenta que relativamente pocos turistas los visitan, en comparación con otros recintos, como el de Luxor, que habíamos visitado el día anterior. Una gozada.
VIAJE HASTA ABYDOS
Ante un día tan denso la jornada comenzó pronto para nosotros. Hassan nos recogió a las siete, lo que forzó un desayuno muy tempranero. El viaje fue tranquilo, a excepción del escarceo con la policía al inicio. Poco después de salir de Luxor unos agentes detuvieron nuestro vehículo y el conductor bajó para hablar con ellos. Se produjo lo que parecía una discusión, el chófer regresó y dimos marcha atrás. No sabíamos que pasaba. La explicación de Hassan fue que la carretera por la que circulábamos no admitía vehículos con turistas, y que el conductor se negó a pagar las 200 libras que pedía la policía por hacer la vista gorda. Ofreció solo 100 y no hubo acuerdo.
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| Atajo fallido por el que se metió el chófer para driblar a la policía, sin éxito |
El conductor intentó engañar a la policía con varios cambios de carretera. Según Hassan, trató de sortear el control policial y tomar una especie de atajo (foto superior) para salir a la carretera inicial más adelante. Pero la policía egipcia no es tonta y una vez en ella topamos con los agentes, que se habían olido el truco. Conclusión, media hora perdida, una multa al conductor y de nuevo, y ya con carácter definitivo, en una carretera más larga. No entendimos nada pero tampoco nos preocupó, el día estaba comenzando.
Empezamos la ruta descubriendo areas muy verdes con regadío aportado por canales que se aparecían en los márgenes de la carretera cada rato. Prueba evidente de que el agua del Nilo es una bendición para este país.
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| Con este verde intenso aquello no parecía Egipto |
El viaje se desarrolló sin alejarnos mucho del río . Unos días después, camino de Abu Simbel, comprobaríamos lo que puede hacer la irrigación en pleno desierto.
Y la repisa del vehículo en el que viajábamos, un muestrario de curiosidades, muñequitos, adornos, una decoración alegre y expansiva, un tanto
kisch.
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| Un ordenado caos viario siempre que cruzábamos alguna población |
Antes de llegar a Abydos atravesamos otras localidades, y la impresión en todas fue similar. Desorden en el tráfico, motos que sirven para trasladar casi cualquier cosa, y mucha gente por las calles, por algo es un país muy poblado (120 millones) y la inmensa mayoría residiendo en las márgenes del Nilo. Los últimos 30 kilómetros era una zona eminentemente rural. Hassan nos explicó que es un área pobre donde los hombres emigran, principalmente a Kuwait o Arabia Saudita, y ahorran para construirse una casa al volver, lo mismito que ocurría en España no hace tanto. Pasamos por calles inundadas de suciedad y también los canales, con margenes realmente infectos. Pero a pesar del caos viario no vimos ningún accidente.
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| Vehículos y peatones comparten la calzada en aparente armonía |
Y la tesis comúnmente aceptada de que la calzada es para los vehículos y las aceras destinadas a los peatones no parecía estar vigente. Sobre todo si la carretera estaba sin asfaltar y no existían aceras.
Y muy abundante la presencia de mujeres con el rostro y el cuerpo totalmente cubierto por el niqab. Pensamos que se debía a estar en el sur, mucho más conservador y tradicional. Pero días después en El Cairo comprobaríamos que también en la capital van muchas así.
En fin, que las motos llevan los pasajeros que sea necesario, por supuesto sin casco y con frecuencia sin espejos retrovisores, y las camionetas trasladan pasajeros. Lo normal.
ABYDOS, EL TEMPLO FUNERARIO DE SETI I
El recinto de Abydos, construido como santuario funerario por el emperador Seti I, se encuentra en las afuertas de esta localidad. Aparte de su espectacularidad, aporta el hecho diferencial de que en sus paredes están grabados los nombres de los 76 faraones más importantes que precedieron a Seti I, generalmente con su nombre de trono en un cartucho. El hallazgo ha facilitado enormemente establecer la historia en todos esos siglos, que abarcan doce dinastías entre la I y la XIX.
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| Listado de faraones en las paredes del templo de Abydos |
No nos extrañó saber que un fragmento con una lista similar, aunque datada en la época de Ramsés II y procedente también de Abydos, se encuentra en el Museo Británico de Londres. Teniendo en cuenta que Ramsés II fue el sucesor de Seti I, no ofrece cambios. En la lista faltan algunos faraones conocidos, caso de Akenatón, considerado hereje, su hijo Tutankamon o la reina Hatshepsut, en su caso por ser mujer.
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| Con Hassan, en la entrada del templo de Abydos |
Lo que se sabe es que Seti I inició Abydos pero lo concluyó su hijo Ramsés II. Seti I reinó solo quince años y no tuvo tiempo de terminarlo, lo que si pudo hacer Ramsés II en los 66 años del mandato más largo de la historia faraónica.
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| Recibiendo explicaciones de nuestro guía |
Abydos era lugar de peregrinación varios cientos de años antes de la construcción del templo. Se pensaba que allí estaba enterrada la cabeza de Osiris, dios de la fertilidad, la agricultura y el inframundo. El origen de la lista de faraones se debe a que Seti I lo construyó con la finalidad de adorar a todos los dioses mayores egipcios y a los faraones que le precedieron.
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| En una de las salas hipóstilas |
El templo se construyó en un terreno en pendiente, lo que obligó al desarrollo de terrazas, y tiene forma de ele. Se accede por una rampa corta y tras el pórtico de doce columnas rectangulares hay tres puertas, acceso a las capillas de tres de los siete dioses allí adorados. Los otros cuatro a los que estaba dedicado tienen también su capilla.
Construido en piedra caliza, sus paredes están repletas de bajorrelieves, algunos con un grado de conservación excepcional.
Una de las puertas falsas en el templo. Los egipcios creían que estos portales simbólicos conectaban el mundo de los vivos con el más allá, y permitían al difunto entrar y salir.
Y otros incluso mantienen sus colores originales. Es famoso por tener algunas de las pinturas mejor conservadas.
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| Columnas circulares con base en una de sus salas |
Realizamos el recorrido en el templo admirados del tamaño de las columnas de sus dos salas hipóstilas. Aunque según pasaban los días viendo maravillas de la civilización faraónica se hacía más difícil sorprenderse.
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| Sitio arqueológico de Osirión, tumba subterránea de Osiris que a veces se inunda |
En el exterior y a poca distancias se encuentra el
Osirión, una monumental estructura, un templo subterráneo doce metros por debajo del nivel. Era una tumba simbólica de Osiris y destaca su arquitectura megalítica, que a menudo se inunda debido al nivel de la capa freática. Siguen trabajando en este recinto, ahora cerrado al público por este motivo, y en la imagen se aprecia a uno de los obreros colocando una estructura de madera.
Antes de irnos Hassan nos contó la historia de
Dorothy Louise Eady, una egiptóloga inglesa que investigó y vivió largas temporadas en Abydos. Era conocida allí como Om Seti, madre de Seti, y ella estaba convencida de que era la reencarnación de una sacerdotisa egipcia. Vivió gran parte de su vida adulta en el templo y falleció en 1981, a los 77 años, siendo enterrada en el desierto. Escribió dos libros relacionados con su experiencia en Abydos.
DENDERA Y SUS ESCONDITES
De Abydos salimos para Dendera, templo dedicado a la
diosa Hathor, encargada del amor y de la fertilidad, tras desdeñar una oferta de Hassan para comer en un restaurante, que no nos convenció. Habíamos hecho un desayuno bufé, bien es cierto que flojito, y por la noche teníamos cena igualmente bufé en el barco, así que preferimos reservarnos.
El paisaje del camino era similar al de la mañana. Pero cuando no había verdor, que era casi siempre, el desierto enseñaba su cara habitual de sequedad y arena.
Dendera resultó un lugar de lo más interesante, principalmente por dos motivos: por el estado de conservación interior de sus bajorrelieves y pinturas, y por la existencia de unos escondrijos (criptas) que eran secretos, o lo pretendían, y de acceso difícil. Su buen estado se debe a que estuvo siglos cubierto de arena y lodo, hasta que el egiptólogo francés Mariette lo desenterró a mediados del siglo XIX.
También es cierto que las construcciones existentes son más recientes que otras que habíamos visto hasta ahora. Concretamente, de la primera mitad del siglo IV a.C., del faraón Nectanebo I, aunque la construcción principal data del período ptolemaico, siglo I a.C.
La fachada de Dendera es diferente a otras, con una columnas frontales que en su mitad inferior se han transformado en muros. Y una vez dcntro, por primera vez vemos un templo casi como lo debieron de ver los egipción en su momento.
Con relieves en perfecto estado y lo mismo la pintura que los adorna. Una maravilla.
Fue un gustazo recorrerlo disfrutando su interior en casi perfecto estado, y además con muy poquitos visitantes.
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| Un collar reservado para las ceremonias |
Se nos pasó el tiempo volando, con el entretenimiento que supone ver un templo en semejante estado de conservación. Precisamente, aquí encontramos a una investigadora francesa trabajando en unas columnas, que mantenía cerradas con una cinta.
Pero Hassan nos había advertido de la existencia de las criptas y estábamos muy interesados en ver alguna. Para ello tuvimos que comprar un ticket aparte.
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| Imágenes de faraones interactuando con la diosa Hathor |
Mientras llegaba el momento seguíamos revisando relieves y pinturas. Muchos mostraban la interacción de faraones con los dioses, en este caso con la diosa Hathor, identificada por los cuernos liriformes con el disco solar en medio.
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| Acceso a una de las criptas secretas de Dendera |
Por fin Hassan nos mostró uno de los accesos a una de las criptas, en un muro repleto de relieves y pinturas. Hubo que subir por una escalera alrededor de tres metros y atravesar un pequeño hueco en el muro, estrecho, fue preciso encogerse.
Dentro la movilidad es sencilla, pero hay escalones y es un cubículo realmente angosto. No es una actividad apta para quien padezca claustrofobia.
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| Los escondrijos servían para guardar ofrendas y tesoros |
Inmediatamente nos preguntamos como es posible que estos estrechos pasillos disimulados, que solo han podido ser encontrados en épocas modernas, estuvieran totalmente decorados. Si los tallaron y pintaron allí debió ser una actividad especialmente penosa, alumbrados con antorchas y el recinto lleno de humo. Se nos pasa por la cabeza que colocaran las piedras ya preparadas. O que fueran haciendo el trabajo antes del cerrarlos completamente. Pasamos un rato en su interior, contemplando los relieves en soledad y aislados. Una sensación extraña.
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| Espectacular techo policromado con tonos azules |
Existe un cierto consenso en que el templo más espectacular de Egipto es el de Abu Simbel, todavía pendiente para nosotros en ese momento, pero hay quien se decanta por el de Dendera. Y en salas como esta creemos que, sin conocer Simbel, razón no les falta.
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| Manchas negras de humos en algunas de las salas |
Pese a su general buen estado de conservación, algunas de las salas presentan manchas negras que emborronan el colorido original de las paredes.
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| Sala ennegracida por el uso de fuegos |
Se debe a la acumulación de humo y hollín durante siglos. Tras el abandono por los antiguos egipcios, el templo fue habitado por comunidades posteriores. Los fuegos que encendieron ennegrecieron las superficies.
Las zonas afectadas por estas manchas negras afean el conjunto, obviamente.
Pero una gran parte del recinto luce un estado admirable.
Además de las criptas, nos encontramos con largos pasillos estrechos y de una longitud sorprendente.
Disfrutando de esta joya histórica subimos a la planta superior, donde en un techo estaba en su día colocado el llamado Zodíaco de Dendera. Se trata de un relieve con imágenes de los cinco planetas conocidos por los antiguos egipcios, en una alineación que ocurre cada mil años, además de un eclipse solar y lunar. De ahí han deducido los astrofísicos que el que se allí se representa ocurrió entre el 15 de junio y el 15 de agosto del año 50 antes de Cristo. A los franceses les gustó durante la campaña napoleónica y en 1820 fue trasladado a París, donde se exhibe en el Museo del Louvre.
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| Foto del Zodíaco de Dendera, de National Geografic |
Terminada la visita pusimos rumbo a Luxor para instalarnos en el barco, el
Renaisance. El coche dio algunas vueltas por Qena al salir, que nos dio la impresión de una ciudad pujante. Con 100.000 habitantes, cuenta con dos universidades .
Al llegar a Luxor, una sorpresa agradable: nuestra maleta estaba ya en la ciudad, en las oficinas de los autobuses procedentes de El Cairo. La recuperamos con mucha alegría y nos dirigimos al barco. Una vez allí pudimos instalarnos y aún dimos un bonito paseo por todo el borde marítimo. Allí se encontraban docenas de motonaves dispuestas a zarpar al día siguiente después de visitas el famosísimo Valle de los Reyes.
Habíamos quedado realmente encantados con la excursión a Abydos y Dendera, templos que no son precisamente de los más visitados en Egipto, como pudimos comprobar. Nada que ver con las multitudes de Giza o Luxor. Para nosotros, mucho mejor.
Y en el viaje, muy sorprendidos por la cantidad de controles policiales que encontramos a lo largo del día. Tanto a la entrada de las ciudades mediante puestos móviles, como otros aislados junto a las carreteras, especialmente en las bifurcaciones. Y por supuesto siempre junto a los templos.
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