4) Lista de faraones en Abydos y los escondites secretos de Dendera

Globos aerostáticos sobre Luxor, el Nilo y los templos de la ciudad

Amanecimos en Luxor con el Nilo frente a nosotros y el espectáculo de decenas de globos sobre la ciudad, el río y los templos. Es una de las actividades que se ofrecen a los turistas, que nosotros no consideramos. La mitad del grupo ya conocía la experiencia de un recorrido aeróstatico por las dehesas de Salamanca años atrás, por lo demás muy satisfactoria, Tras el desayuno vino Hassan a recogernos y pusimos rumbo a Abydos, templo del que nos separaban unos 170 kilómetros y casi tres horas de coche. Pero con chófer y descubriendo el Egipto profundo resultó placentero.

Calle principal de Abydos, una mirada a otro Egipto más rural y atrasado 

De Abydos solo sabíamos antes de llegar que allí existe un importante templo, y poco más. Después nos enteramos de que fue una población importante en la antiguedad, pero ahora, al atravesarla en coche, nos apareció una localidad desastrada, desordenada, con su calle principal sin asfaltar y en apariencia bastante pobre.

Sucesión de puertas en el templo de Abydos

Ya en el templo, Abydos se nos muestra como un recinto importante. Y tiene además relevancia porque en sus paredes están grabados los nombres de 76 faraones con sus cartuchos, una información primordial para establecer la historia faraónica.

En una de las cámaras secretas de Dendera, de difícil acceso

De Abydos al templo de Dendera, en Qena, fueron cerca de dos horas, pero ya en el camino de regreso. Otro conjunto espectacular, donde se han descubierto criptas secretas a las que es difícil acceder. Se piensa que eran lugares escondidos para guardar objetos de cultos y tesoros. De todo lo anterior va esta entrada. Nuestra visita a ambos templos fue muy relajada teniendo en cuenta que relativamente pocos turistas los visitan, en comparación con otros recintos, como el de Luxor, que habíamos visitado el día anterior. Una gozada.


 VIAJE HASTA ABYDOS


Ante un día tan denso la jornada comenzó pronto para nosotros. Hassan nos recogió a las siete, lo que forzó un desayuno muy tempranero. El viaje fue tranquilo, a excepción del escarceo con la policía al inicio. Poco después de salir de Luxor unos agentes detuvieron nuestro vehículo y el conductor bajó para hablar con ellos. Se produjo lo que parecía una discusión, el chófer regresó y dimos marcha atrás. No sabíamos que pasaba. La explicación de Hassan fue que la carretera por la que circulábamos no admitía vehículos con turistas, y que el conductor se negó a pagar las 200 libras que pedía la policía por hacer la vista gorda. Ofreció solo 100 y no hubo acuerdo.

Atajo fallido por el que se metió el chófer para driblar a la policía, sin éxito

El conductor intentó engañar a la policía con varios cambios de carretera. Según Hassan, trató de sortear el control policial y tomar una especie de atajo (foto superior) para salir a  la carretera inicial más adelante. Pero la policía egipcia no es tonta y una vez en ella topamos con los agentes, que se habían olido el truco. Conclusión, media hora perdida, una multa al conductor y de nuevo, y ya con carácter definitivo, en una carretera más larga. No entendimos nada pero tampoco nos preocupó, el día estaba comenzando.

Empezamos la ruta descubriendo areas muy verdes con regadío aportado por canales que se aparecían en los márgenes de la carretera cada rato. Prueba evidente de que el agua del Nilo es una bendición para este país. 

Con este verde intenso aquello no parecía Egipto

El viaje se desarrolló sin alejarnos mucho del río . Unos días después, camino de Abu Simbel, comprobaríamos lo que puede hacer la irrigación en pleno desierto.


Y la repisa del vehículo en el que viajábamos, un muestrario de curiosidades, muñequitos, adornos, una decoración alegre y expansiva, un tanto kisch.

Un ordenado caos viario siempre que cruzábamos alguna población

Antes de llegar a Abydos atravesamos otras localidades, y la impresión en todas fue similar. Desorden en el tráfico, motos que sirven para trasladar casi cualquier cosa, y mucha gente por las calles, por algo es un país muy poblado (120 millones) y la inmensa mayoría residiendo en las márgenes del Nilo. Los últimos 30 kilómetros era una zona eminentemente rural. Hassan nos explicó que es un área pobre donde los hombres emigran, principalmente a Kuwait o Arabia Saudita, y ahorran para construirse una casa al volver, lo mismito que ocurría en España no hace tanto. Pasamos por calles inundadas de suciedad y también los canales, con margenes realmente infectos. Pero a pesar del caos viario no vimos ningún accidente.

Vehículos y peatones comparten la calzada en aparente armonía

Y la tesis comúnmente aceptada de que la calzada es para los vehículos y las aceras destinadas a los peatones no parecía estar vigente. Sobre todo si la carretera estaba sin asfaltar y no existían aceras.


Y muy abundante la presencia de mujeres con el rostro y el cuerpo totalmente cubierto por el niqab. Pensamos que se debía a estar en el sur, mucho más conservador y tradicional. Pero días después en El Cairo comprobaríamos que también en la capital van muchas así.


En fin, que las motos llevan los pasajeros que sea necesario, por supuesto sin casco y con frecuencia sin espejos retrovisores, y las camionetas trasladan pasajeros. Lo normal.


ABYDOS, EL TEMPLO FUNERARIO DE SETI I


El recinto de Abydos, construido como santuario funerario por el emperador Seti I, se encuentra en las afuertas de esta localidad. Aparte de su espectacularidad, aporta el hecho diferencial de que en sus paredes están grabados los nombres de los 76 faraones más importantes que precedieron a Seti I, generalmente con su nombre de trono en un cartucho. El hallazgo ha facilitado enormemente establecer la historia en todos esos siglos, que abarcan doce dinastías entre la I y la XIX.

Listado de faraones en las paredes del templo de Abydos

No nos extrañó saber que un fragmento con una lista similar, aunque datada en la época de Ramsés II y procedente también de Abydos, se encuentra en el Museo Británico de Londres. Teniendo en cuenta que Ramsés II fue el sucesor de Seti I, no ofrece cambios. En la lista faltan algunos faraones conocidos, caso de Akenatón, considerado hereje, su hijo Tutankamon o la reina Hatshepsut, en su caso por ser mujer.

Con Hassan, en la entrada del templo de Abydos

Lo que se sabe es que Seti I inició Abydos pero lo concluyó su hijo Ramsés II. Seti I reinó solo quince años y no tuvo tiempo de terminarlo, lo que si pudo hacer Ramsés II en los 66 años del mandato más largo de la historia faraónica.

Recibiendo explicaciones de nuestro guía

Abydos era lugar de peregrinación varios cientos de años antes de la construcción del templo. Se pensaba que allí estaba enterrada la cabeza de Osiris, dios de la fertilidad, la agricultura y el inframundo. El origen de la lista de faraones se debe a que Seti I lo construyó con la finalidad de adorar a todos los dioses mayores egipcios y a los faraones que le precedieron.

En una de las salas hipóstilas

El templo se construyó en un terreno en pendiente, lo que obligó al desarrollo de terrazas, y tiene forma de ele. Se accede por una rampa corta y tras el pórtico de doce columnas rectangulares hay tres puertas, acceso a las capillas de tres de los siete dioses allí adorados. Los otros cuatro a los que estaba dedicado tienen también su capilla.



Construido en piedra caliza, sus paredes están repletas de bajorrelieves, algunos con un grado de conservación excepcional.


Una de las puertas falsas en el templo. Los egipcios creían que estos portales simbólicos conectaban el mundo de los vivos con el más allá, y permitían al difunto entrar y salir.


Y otros incluso mantienen sus colores originales. Es famoso por tener algunas de las pinturas mejor conservadas.

Columnas circulares con base en una de sus salas

Realizamos el recorrido en el templo admirados del tamaño de las columnas de sus dos salas hipóstilas. Aunque según pasaban los días viendo maravillas de la civilización faraónica se hacía más difícil sorprenderse.

Sitio arqueológico de Osirión, tumba subterránea de Osiris que a veces se inunda

En el exterior y a poca distancias se encuentra el Osirión, una monumental estructura, un templo subterráneo doce metros por debajo del nivel. Era una tumba simbólica de Osiris y destaca su arquitectura megalítica, que a menudo se inunda debido al nivel de la capa freática. Siguen trabajando en este recinto, ahora cerrado al público por este motivo, y en la imagen se aprecia a uno de los obreros colocando una estructura de madera.

Antes de irnos Hassan nos contó la historia de Dorothy Louise Eady, una egiptóloga inglesa que investigó y vivió largas temporadas en Abydos. Era conocida allí como Om Seti, madre de Seti, y ella estaba convencida de que era la reencarnación de una sacerdotisa egipcia. Vivió gran parte de su vida adulta en el templo y falleció en 1981, a los 77 años, siendo enterrada en el desierto. Escribió dos libros relacionados con su experiencia en Abydos.


DENDERA Y SUS ESCONDITES


De Abydos salimos para Dendera, templo dedicado a la diosa Hathor, encargada del amor y de la fertilidad, tras desdeñar una oferta de Hassan para comer en un restaurante, que no nos convenció. Habíamos hecho un desayuno bufé, bien es cierto que flojito, y por la noche teníamos cena igualmente bufé en el barco, así que preferimos reservarnos.  


El paisaje del camino era similar al de la mañana. Pero cuando no había verdor, que era casi siempre, el desierto enseñaba su cara habitual de sequedad y arena.


Dendera resultó un lugar de lo más interesante, principalmente por dos motivos: por el estado de conservación interior de sus bajorrelieves y pinturas, y por la existencia de unos escondrijos (criptas) que eran secretos, o lo pretendían, y de acceso difícil. Su buen estado se debe a que estuvo siglos cubierto de arena y lodo, hasta que el egiptólogo francés Mariette lo desenterró a mediados del siglo XIX.


También es cierto que las construcciones existentes son más recientes que otras que habíamos visto hasta ahora. Concretamente, de la primera mitad del siglo IV a.C., del faraón Nectanebo I, aunque la construcción principal data del período ptolemaico, siglo I a.C.


La fachada de Dendera es diferente a otras, con una columnas frontales que en su mitad inferior se han transformado en muros. Y una vez dcntro, por primera vez vemos un templo casi como lo debieron de ver los egipción en su momento.


Con relieves en perfecto estado y lo mismo la pintura que los adorna. Una maravilla.


Fue un gustazo recorrerlo disfrutando su interior en casi perfecto estado, y además con muy poquitos visitantes.

Un collar reservado para las ceremonias

Se nos pasó el tiempo volando, con el entretenimiento que supone ver un templo en semejante estado de conservación. Precisamente, aquí encontramos a una investigadora francesa trabajando en unas columnas, que mantenía cerradas con una cinta.


Pero Hassan nos había advertido de la existencia de las criptas y estábamos muy interesados en ver alguna. Para ello tuvimos que comprar un ticket aparte.

Imágenes de faraones interactuando con la diosa Hathor

Mientras llegaba el momento seguíamos revisando relieves y pinturas. Muchos mostraban la interacción de faraones con los dioses, en este caso con la diosa Hathor, identificada por los cuernos liriformes con el disco solar en medio.

Acceso a una de las criptas secretas de Dendera

Por fin Hassan nos mostró uno de los accesos a una de las criptas, en un muro repleto de relieves y pinturas. Hubo que subir por una escalera alrededor de tres metros y atravesar un pequeño hueco en el muro, estrecho, fue preciso encogerse.


Dentro la movilidad es sencilla, pero hay escalones y es un cubículo realmente angosto. No es una actividad apta para quien padezca claustrofobia.

Los escondrijos servían para guardar ofrendas y tesoros

Inmediatamente nos preguntamos como es posible que estos estrechos pasillos disimulados, que solo han podido ser encontrados en épocas modernas, estuvieran totalmente decorados. Si los tallaron y pintaron allí debió ser una actividad especialmente penosa, alumbrados con antorchas y el recinto lleno de humo. Se nos pasa por la cabeza que colocaran las piedras ya preparadas. O que fueran haciendo el trabajo antes del cerrarlos completamente. Pasamos un rato en su interior, contemplando los relieves en soledad y aislados. Una sensación extraña.

Espectacular techo policromado con tonos azules

Existe un cierto consenso en que el templo más espectacular de Egipto es el de Abu Simbel, todavía pendiente para nosotros en ese momento, pero hay quien se decanta por el de Dendera. Y en salas como esta creemos que, sin conocer Simbel, razón no les falta.

Manchas negras de humos en algunas de las salas

Pese a su general buen estado de conservación, algunas de las salas presentan manchas negras que emborronan el colorido original de las paredes. 


Sala ennegracida por el uso de fuegos

Se debe a la acumulación de humo y hollín durante siglos. Tras el abandono por los antiguos egipcios, el templo fue habitado por comunidades posteriores. Los fuegos que encendieron ennegrecieron las superficies.


Las zonas afectadas por estas manchas negras afean el conjunto, obviamente.


Pero una gran parte del recinto luce un estado admirable.


Además de las criptas, nos encontramos con largos pasillos estrechos y de una longitud sorprendente.


Disfrutando de esta joya histórica subimos a la planta superior, donde en un techo estaba en su día colocado el llamado Zodíaco de Dendera. Se trata de un relieve con imágenes de los cinco planetas conocidos por los antiguos egipcios, en una alineación que ocurre cada mil años, además de un eclipse solar y lunar. De ahí han deducido los astrofísicos que el que se allí se representa ocurrió entre el 15 de junio y el 15 de agosto del año 50 antes de Cristo. A los franceses les gustó durante la campaña napoleónica y en 1820 fue trasladado a París, donde se exhibe en el Museo del Louvre.

Foto del Zodíaco de Dendera, de National Geografic


Terminada la visita pusimos rumbo a Luxor para instalarnos en el barco, el Renaisance. El coche dio algunas vueltas por Qena al salir, que nos dio la impresión de una ciudad pujante. Con 100.000 habitantes, cuenta con dos universidades .

Al llegar a Luxor, una sorpresa agradable: nuestra maleta estaba ya en la ciudad, en las oficinas de los autobuses procedentes de El Cairo. La recuperamos con mucha alegría y nos dirigimos al barco. Una vez allí pudimos instalarnos y aún dimos un bonito paseo por todo el borde marítimo. Allí se encontraban docenas de motonaves dispuestas a zarpar al día siguiente después de visitas el famosísimo Valle de los Reyes. 

Habíamos quedado realmente encantados con la excursión a Abydos y Dendera, templos que no son precisamente de los más visitados en Egipto, como pudimos comprobar. Nada que ver con las multitudes de Giza o Luxor. Para nosotros, mucho mejor.  

Y en el viaje, muy sorprendidos por la cantidad de controles policiales que encontramos a lo largo del día. Tanto a la entrada de las ciudades mediante puestos móviles,  como otros aislados junto a las carreteras, especialmente en las bifurcaciones. Y por supuesto siempre junto a los templos.







3) En la antigua Tebas y los templos de Karnak y Luxor

Desde El Cairo volamos a Luxor, un trayecto pelín accidentado. En esta ciudad pasamos dos jornadas antes de instalarnos en el barco para el crucero fluvial por el Nilo. Luxor, construida sobre las ruinas de la antigua Tebas faraónica, no es precisamente una ciudad pequeña con alrededor de millón y medio de habitantes. 

Centro del Luxor moderno en la orilla oriental del Nilo

La ciudad nueva se encuentra en la parte oriental, y también los impresionantes templos de Karnak y Luxor, este último en pleno centro de la urbe. En el lado occidental está la necrópolis de la antigua Tebas faraónica y también el famoso Valle de los Reyes, los Colosos de Memnón y el templo de la reina Hatshepsut. Todo esto recorrimos y algo más pues desde aquí hicimos una excursión a los templos de Abydos y Dendera, igualmente imprescindibles. En esta entrada hablaremos de la ciudad y de los templos de Karnak y Luxor; en la siguiente (número 4), de Abydos y Dendera, y en la posterior (número 5), del Valle de los Reyes, donde se localizó la tumba de Tutankamon; del templo de Hatshepsut, y de los Colosos.

Veamos unas imágenes para abrir boca sobre estos mastodónticos templos y entramos en materia por separado:

Gran Sala Hipóstila del templo de Karnak
 
Templo de Luxor, iluminado al caer la noche


CIUDAD DE LUXOR

4:00 de la mañana del 30 de enero, cuatro días después de nuestra llegada. A esa intempestiva hora llega Momo a recogernos al hotel para llevarnos al aeropuerto, donde a las 6 sale el vuelo interno con destino Luxor. Los horarios los escogió Ahmed, no son cosa nuestra, que tuvimos que levantarnos a las 3:00 para preparar la salida. Pese al escaso tráfico de la madrugada, es casi una hora hasta la terminal número número 3, donde nos deposita nuestro conductor. Él se marcha y nosotros iniciamos los procelosos trámites de acceso. Hasta aquí todo bien, creíamos.

Cordial despedida de Momo el día que regresamos a España

Entrar a la terminal 3 no fue sencillo. Un escáner chequeaba nuestras pertenencias y maletas (salvo la que todavía seguía en poder de Iberia) y hombres y mujeres accedíamos por puertas distintas para un cacheo manual bastante serio. Una vez dentro, cola estilo aeropuerto haciendo quiebros y en el proceso vemos una ventanilla donde anuncian un vuelo a Luxor a las 6, la hora del nuestro. Más o menos media hora de cola, son casi las 5:30, vamos bien pero no sobra tiempo. Cuando nos toca la empleada tuerce el gesto: "Este vuelo es en la terminal 1". Flipamos, Momo se ha confundido y no sabíamos qué hacer.

Rápidamente nos recompusimos e iniciamos la salida, que no era sencilla. Mientras la gente entraba por pasillos estrechos nosotros íbamos en dirección contraria, sorteamos el escáner pese a las protestas de los vigilantes, pero al final lo entendieron, y en la puerta un agente llama un taxi. En unos pocos minutos y a toda velocidad nos llevó a la terminal correcta, y el sufrido taxista aprovecha para cobrarnos una cantidad exagerada, (900 libras, unos 17 €), pero no teníamos tiempo de protestar. Entramos a la mayor velocidad que pudimos, nuevos cacheos y escáneres, y al llegar a la ventanilla correspondiente encontramos el letrero de cerrada. Eran ya cerca de las seis de la mañana y habíamos perdido el vuelo.

Así que llamamos a Ahmed y le contamos lo que había pasado. Lo sentimos por la bronca que imaginamos le iba a caer a Momo. Ahmed lo resolvió enseguida consiguiendo billetes para un vuelo una hora después. Aguardamos y un poco al límite llegaron los billetes... pero solo tres. Decidimos no sacar la tarjeta de embarque hasta tener los cuatro, por si acaso. Fueron unos minutos suplementarios de incertidumbre y al final llegó. 

Otro detalle curioso había sucedido al salir del hotel. Momo nos dio un sobre de Ahmed  gestión de la que no nos había advertido. Creíamos que eran nuestras tarjetas de embarque, pero al abrirlo había billetes verdes por importe de más de mil dólares. Sorpresa total. Los pusimos a buen recaudo y aguardamos acontecimientos.

El resto ya es poco noticioso. El representate nos esperaba con un coche y  en un momento dado nos pidió el sobre con el dinero que, lógicamente, le entregamos abierto. Hicimos el trayecto hasta el hotel Lotus, bastante menos atractivo que el de El Cairo y con un desayuno al día siguiente que no admitía comparación. Pero no estaba mal, ubicado junto al Nilo, cerca del centro, y sólo fue una noche.

Habitación del hotel Lotus Luxor

Vista del Nilo y de la otra parte de la ciudad desde el hotel

Era temprano y tuvimos que dejar las maletas en el hotel para instalarnos después y salimos a recorrer Luxor sin plan alguno. El único, regresar al hotel a las dos para que Hassan, el guía en esta zona y con el que compartiríamos los próximos días, hasta Asuán, nos llevara a visitar los templos. Acabada su etapa concluimos que  como guía no era malo, pero nos pareció un tanto chanchullero de más, por lo que la cosa terminó un tanto regular, más por su parte que por la nuestra. De hecho, el último día no compareció tras el conflicto por la visita al pueblo nubio, que nos metió con calzador a un precio exagerado, de lo que ya hablaremos. Dio por seguro que no le daríamos propina, un grave error por su parte. Éramos conscientes de que las gratificaciones son parte importante del sueldo de los guías, pero  no vino y la perdió. A Walla al despedirnos le dimos 60€ (una día más que Hassan) y puso una sonrisa que lo decía todo, "es mucho...". Nos había caído muy bien y disfrutamos con el momento.

Una faluca de vela latina en el Nilo 

Salimos a conocer Luxor sin saber a donde nos dirigíamos, y terminamos saliéndonos de la avenida litoral presionados por taxistas, conductores de calesas y vendedores varios. Era viernes, festivo por tanto, había poca actividad y casi ningún turista por las calles. Por tanto, objetivo de primer nivel. Cansados de rechazar propuestas, nos metimos por una calle secundaria hacia el interior menos turístico de la ciudad, pero también más auténtico.

Puestos callejeros para la población local en el interior de Luxor

Callejeamos por calles digamos no muy limpias y puestos de todo tipo, mientras la ciudad se iba desperezando como en una jornada dominical cualquiera para nosotros. Observamos aquella parte de la ciudad que los turistas no suelen recorrer, y que obviamente tiene poco que ver con la zona del paseo litoral.

El Luxor de sus habitantes que no suelen ver los visitantes

El choque cultural es inevitable en estos casos, estas ciudades tienen una vida muy diferentes a las europeas, a las que estamos acostumbrados. Pero para comprobar estas diferencias precisamente se viaja a depende qué destinos. Ver la mitad de una vaca desollada colgada de un gancho en el exterior  de un tenducho a 30 grados es algo que llama a la atención, pero de esto hablaremos en la última entrega de este blog.

Mercado para turistas en una zona próxima al Nilo, agradable e interesante

Por casualidad topamos con una larga calle cubierta por una celosía de madera, imaginamos que imprescindible en los meses de calor. Se trataba del mercadillo para turistas, pero muy atractivo, limpio y bastante ordenado, nada que ver con Kan el Jalili de El Cairo. Al tratarse de un viernes, había poca gente y los vendedores se nos lanzaban en tromba, pero sin más. Incluso practicamos la técnica del regateo en algunas compras, y pasamos allí un rato.

Fachada de la estación de ferrocarril

Tras ello fuimos a una avenida más céntrica y en algunos almacenes locales la afectada por la maleta perdida tuvo que realizar pequeñas compras para ir tirando.

Como turistas integrados, disfrutando de un té con menta en un café para locales

Teníamos tiempo aún y paramos en un local con terraza exterior (lo del tabaco en Egipto es una asignatura pendiente, fuman mucho y también en interiores salvo alguna excepción). Nos atrevimos con un té por aquello de que previamente hierven el agua, y no nos fue mal. 

En el atractivo paseo fluvial de Luxor

Y con margen para la cita con Hassan, a las dos de la tarde, regresamos al hotel. Después, con nuestro guía, recorrimos los templos en una tarde bien aprovechada.


TEMPLO DE KARNAK


El templo de Karnak se encuentra en la periferia de la actual ciudad de Luxor y es un lugar muy señalado. Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1979, es el conjunto de templos más grandes de Egipto y el lugar más visitado después de las pirámides de Giza. Un video disponible en youtube  que contiene una recreación sobre el mismo, puede ser interesante para quien quiera profundizar sobre este templo.

Acceso principal al templo por la avenida de las Esfinges

Dedicado principalmente al dios Amón Ra, el Rey de los Dioses, el conjunto de templos tiene un perímetro de 2.400 metros. En total ocupa 300.000 metros cuadrados y en su construcción intervinieron veinte faraones. Esta avenida se construyó a lo largo de un milenio, y posteriormente quedó enterrada bajo la arena, incluidas más de un millar de estatutas. Conectaba este templo con el Luxor a lo largo de 2,7 kilómetros. En 2021 concluyó su recuperación, y en la actualidad puede hacerse el trayecto caminando. A destacar que el templo estuvo muchos años inundado por las aguas del Nilo.


Detalle de una de estas criaturas míticas con cuerpo de león y cabeza de carnero, que representa al dios Amón-Ra y significa poder físico y energía fecundante.


En cualquier caso, como en otros muchos lugares de Egipto, los trabajos de investigación siguen desarrollándose en la actualidad. En varios templos vimos a personal técnico trabajando, a veces procedentes de misiones de otros países. Es una prueba de que Egipto solo no puede lidiar con semejante patrimonio.

Columnas de la gran sala hipóstila

Esta enorme sala ocupaba cinco mil metros cuadrados y el tejado estaba soportado por 134 columnas en un total de 16 filas. La sala fue construida íntegramente por el faraón Seti I. Sorprende al visitante la cantidad de inscripciones que cubren casi todos los espacios.

Obelisco de Hatshepsut

En el recinto se conserva el enorme obelisco de la reina Hatshepsut, levantado en torno al 1457 a.C, de casi 30 metros de altura y 343 toneladas de peso, junto a otro de 21,7 metros de Tutmosis I.  Construidos de una sola pieza en granito rosa de Asuán, cubiertos  de jeroglíficos, están en el centro del templo. El de Hatshepsut es uno de los más grandes de esa época. Para quien desee saber más sobre el tema de los obeliscos dejamos aquí el interesante trabajo de una egiptóloga, titulado "Obeliscos".

Escultura del escarabajo del dios Jepri

Representa al dios Jepri, asociado con el dios naciente. Es un amuleto de vida, poder y resurreción para los antiguos egipcios.


Durante siglos, el templo de Karnak fue el centro religioso más importante de Egipto, un tiempo en el que ofrecía una imagen más impresionante que ahora, con sus edificios completos y con sus paredes en buen estado y los relieves con pintura. Su recuperación fue obra principalmente de egiptólogos y arqueólogos franceses.

Obelisco macizo de Karnak

Destacado y macizo obelisco,  que no hemos podido identificar.


Gran parte de paredes, obeliscos y columnas están cubiertas de inscripciones, y en ocasiones son visibles todavía los colores originales.


Milagrosamente, miles de años después sigue siendo visibles, pese a los daños del paso del tiempo.


Finalizamos el recorrido por la avenida de las Esfinges por lasque llegamos. En esa primera salida comprobamos el sistema de Hassan, nuestro guía, que entraba con nosotros y nos daba una charla durante parte del recorrido. Después nos daba tiempo libre y fijaba el encuentro en la cafetería del lugar, que siempre la había. Allí nos esperaba fumando y tomando café, sobre todo lo primero. Siempre igual.


TEMPLO DE LUXOR

   

Entrada al templo de Luxor, con el único obelisco que queda

De Karnak volvimos al centro de la ciudad para conocer el templo de Luxor, quizás todavía más impresionante, del cual una parte es visible desde las calles que lo rodean. Llegamos cuando el sol declinaba y fue un momento magnífico al encenderse la iluminación artificial.



El templo de Luxor fue construido por orden del faraón Amenofis III a su arquitecto Amenhotep. Y las partes más antiguas que se conservan se deben a Amenhotep III (abuelo de Tutankamon) y Ramsés II.  Edificaron un conjunto de proporciones imponentes pero armoniosas.

Como hizo en Karnak, este fararón destruyó un templo más antiguo que se encontraba en dicho lugar.



Se considera un templo bien preservado, pese a que muchos de sus muros hayan caído y parte de los materiales hayan sido reutilizados.

Con el guía Hassan, en la entrada principal del templo

El templo fue descuidado e incluso maltratado durante el reinado del faraón herético Akenatón (quiso convertir al dios Atón en la única deidad oficial), pero los trabajos recomenzaron bajo Tutankamon.

Obelisco hermano del trasladado a París

El obelisco existente en la entrada del templo, junto a las estatuas de Ramsés II, es hermano del que fue regalado a Francia en la década de 1830 e instalado en la Plaza de la Concordia.

Tutankamon y su esposa Anjesenamón

A lo largo de los años fue ampliado y modificado, como siempre ocurre con obras de semejante envergadura.


Con la iluminación eléctrica cuando todavía había luz natural el templo gana en belleza. A destacar que su sala hipóstila tiene mucho parecido con la de la vecina Karnak.


Dimos el último paseo conforme la oscuridad se iba apoderando del recinto. Recordamos entonces que Alejandro Magno tras conquistar Egipto fue reconocido como faraón y ordenó restaurar y reformar partes del templo. Estamos hablando del 332 a.C., mil años después de que se iniciara su construcción.



Terminamos en la avenida de las Esfinges, que lleva, como ya hemos señalado, al templo de Karnak, conformando entre ambos un recinto espectacular.


Y en medio de la avenida, una escultura representando una embarcación con la imagen de un faraón en la proa. Estas embarcaciones se consideraban sagradas ya que servían para transportar las imágenes de los dioses Amón y Mut de Karnak a Luxor con el objetivo de celebrar anualmente la renovación de la realeza, con el llamado festival de Opet.

Imagen del templo, abarrotado de turistas 

Salimos de Luxor encantados con la visita, que complementó la realizada en primer lugar a Karnak. En ambos lugares cientos de visitantes disfrutaban como nosotros de estas milenarias construcciones.